segundo congreso mundial de marketing de ciudades

A propósito de Tadeys /2

20|08
2008

Omar Genovese


por Omar Genovese

omar.genovese@gmail.com


A propósito de Tadeys
de Osvaldo Lamborghini.
Segunda parte [leer la primera parte].

El escriba

tadeys

Hay cierta recurrencia en la errata crítica respecto a Lamborghini: se lo sintetiza en el término locura, que justifica la obsesión por determinados temas, palabras, juegos. Y en tanto lúdico, se lo minimiza, a la vez que desprecia por casi incomprensible. Nada de su estilo es hermético más que lo que el lector ignora como significados: el único límite para acercarnos a su lectura es el de la ausencia de sed por sentirse conducido en la narración. Dejarse llevar, navegar en esa nave de locos de la eternidad, es el mejor norte de nuestra lectura. Porque los libros tienen ese brillo perenne, fantástico, y Lamborghini sabía de él: primero publicar… Vomir no reclama luces ni iluminación, sólo compañía para recorrer las escenas, y en eso es muy pragmático:

…se trata, una vez más, del efecto alucinante de la verosimilitud: no hay vida más allá de la creencia. (pag. 98)

Los personajes no saben de cuestiones morales, ni éticas. En el capricho de satisfacer cualquier deseo priva la inmediatez de lograrlo, así sea el más lúgubre, sádico y trasgresor. Primero el deseo, luego lo demás, amparado por esa sensación de tradición a-histórica que conviene en avanzar como pura ficción. Embebidos de cierta inocencia, los personajes muestran una honestidad burda y predadora, la pasión los consume sin importar las consecuencias. El tendero, antes de aplicar un castigo ejemplar a su familia (en el marco de cierta tradición inquisitoria), se explaya en un discurso digno del solipsismo del personaje amarrado al pensamiento infinito, como discurrir literario por excelencia, característico del universo kafkiano. En su formalidad expresiva ocurre un algo, otro: la interrupción es más que violenta, es la violencia que se repite en el acto, una y otra vez, repiquetea desacomodando el mundo nuevamente. A tal desajuste, Lamborghini agrega la acusación que nos persigue: de apasionados, nos vamos de boca, nos vamos para no volver, nunca. El efecto se logra de manera imprevista, guardando el escritor cierto velo que lo deja a reparo de la mirada del lector: por primera vez logra borrarse de la enunciación, pues tiene otras prioridades, como hacer de la historia narrada un todo que se modifica por propia gravedad, con apariencia independiente de ese que escribe. A su vez, tiene una dificultad insalvable pues es un intermediario, un traductor que debe construir la mirada de los personajes, a lo que llega de mil maneras, pero siempre en la torpeza del límite ya que lo que se modifica es por lo actuado, por lo que se ha representado hasta hacerse historia definitiva. Entre esos cambios, la fórmula opera con la magia de una frase (incognoscible, que sí administra el que escribe, a su antojo y gusto), como crisálida del absurdo: “…él (el obispo) era una mujer muerta.”

Mutaciones, relevos, situaciones que saltan de los goznes de una perspectiva lógica y humana conllevan la brutalidad del castigo, la lucha cuerpo a cuerpo en el exceso, la penitencia y el dolor como único remedio que en nada ponen orden, todo lo contrario, o más bien, ordena para trastocar el sentido, tal vez penitencia indispensable para sanarnos como lectores o enfermarnos definitivamente de palabras. Retomando la línea pictórica, encontramos otra señal, una nota al pie que nos lleva de viaje: tanto Durero como Holbein retrataron a Erasmo de Rotterdam. El mismo Holbein ilustró la edición de 1515 (Basilea), de Elogio de la locura (en realidad Elogio de la Moría, estulticia, cuyo significado remite a la necedad, tontería o insensatez; pero no a la insanía mental). El libro fue escrito en Londres, en una semana, mientras el autor era huésped de Tomás Moro: el cisma de la iglesia católica era inevitable, Lutero actuaba con mano férrea para dividir aguas, costumbres, y el lenguaje mismo. Como ámbito de integración del conocimiento y las artes, el período Edad Media / Renacimiento, comenzaba a fraccionarse chocando con los nuevos muros de la fe. Aquél reclamo humanista de Erasmo no se ajusta al voto estilístico de Lamborghini, pero es él quien invierte las fórmulas, da un vuelco con la historia que construye: lo humano fue por otro camino, materializando su necedad hasta el límite en que los personajes quedan encerrados por siempre en el destino que traza lo discursivo (las palabras determinan). Cuando Erasmo señala a religiosos y monjes (pag. 109, Elogio de la locura, Alianza Editorial, Madrid, 1984), lo hace con una vehemencia llamativa, colocándolos en el extremo mismo que hace frontera y confunde a la población respecto a la fe cristiana:

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Un tal Eric Blair

19|08
2008

José María Figueras


por José María Figueras
josemfigueras@gmail.com


Orwell Periodista

Entré como siempre a la librería. Pasillo, estante habitual donde hurgar. Sorpresa. Ese libro la semana pasada no estaba. Interesante. Orwell periodista. ¿Periodista? ¿Orwell? ¿El de 1984? Sí, el mismo. Tomo el libro. Mostrador. ¿Cuánto cuesta? Las caras de las dos vendedoras me recordaron un viejo post del Capitán, se miraron. No sé si me lo querían vender. Una de ellas inclusive me llegó a decir que ese libro “le interesaba”. Que hacía mucho que lo esperaban y que no lo compró sólo por una cuestión monetaria (este libro no es barato). Estuve a punto de pedirle perdón por querer comprarlo yo. Me lo llevé.

De Orwell nos vamos a ahorrar todos los datos obvios que más o menos se conocen. Lo que no es muy conocido es que, como ya nos dijo PZ alguna vez, Orwell escribió mucho más que Rebelión en la granja y 1984. Ficción y no ficción. En este último género entran estos artículos y reseñas que publicó en el Observer entre 1942 y 1949 a los cuales le dedico este post.

Para empezar, la primera sensación que me da el Orwell periodista es que el periodismo le queda muy bien. Por cierto son muchos los periodistas que creen que pueden ser escritores y viceversa. Lamentablemente no siempre la aptitud para una profesión habilita a la otra. Si bien Orwell no es el único que intenta poner un pie en cada plato (de hecho este año se encontró un texto de 1870 de Rimbaud en un diario francés), sale airoso de la prueba con notas interesantes, información y análisis. Sus notas no son muy extensas por lo que no aburren ni se van innecesariamente por las ramas.

La primera colaboración de Orwell con el Observer fue el 22 de febrero de 1942 y en noviembre de 1943 comenzó a colaborar con una crítica de libros quincenal. En simultáneo comenzó a escribir su Rebelión… y tanto en sus reseñas como en la novela misma realizaba evidentes alusiones al socialismo. Debido a que no encontraba un editor con la valentía necesaria para publicar ese libro, dedicó una de sus reseñas a quejarse de que los escritores estén sujetos “a la decision arbitraria de los editores”.

George Orwell, alias literario de Eric Blair, su verdadero nombre, fue básicamente un analista político que además de sus notas en el Observer escribió en el Tribune y el Manchester Evening News.

En Orwell periodista se encuentran algunas notas interesantes: en noviembre de 1942 por ejemplo escribe sobre Marruecos y en pocas líneas hace una radiografía bastante detallada del país, sus habitantes, su aridez (“el agua es tan valiosa que es motivo de peleas y asesinatos”), clases sociales, religión y, por supuesto, su enorme pobreza.

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Los libros van al cine: La soledad de los cineastas

19|08
2008

María Agustina Melchiori


por María Agustina Melchiori
mariagus.melchiori@gmail.com


“Yo me había negado a ver mi viñeta como una película a gran escala. Stanley me tranquilizó. Dijo que era más fácil alargar un relato breve que reducir una novela hasta los límites de una película.(…) Además, había cogido el relato breve de Arthur C. Clarke y lo había transformado en un largometraje. Podíamos hacer lo mismo con mi historia. Sólo más tarde comprendí el error de este razonamiento (…) Una mañana, a la hora del desayuno, lo vi de repente. ‘¡Ya lo tengo!’ le dije a Margaret. Telefoneé a Stanley. ‘Ven a casa’ dijo. Fui. Se lo conté. No le gustó. Y así terminó la historia. Jamás aceptaba algo a medias, ni le daba la vuelta a ver si poseía algún mérito (…)”
Brian Aldiss habla de Stanley Kubrick y “A.I.” (S. Spielberg, 2001), en su prólogo a “Los Superjuguetes duran todo el verano”

Pobres autores. Unos cuantos crecimos escuchando la leyenda de Boris Vian, muerto durante la proyección de Escupiré sobre vuestra tumba, o quizá a causa de ella (como les gusta decir a algunos románticos). Seguramente la realidad sea más prosaica: la salud de Vian no era la mejor en aquellos días de furiosa negociación con los productores y con el director Michel Gant, que lo habían desplazado del proyecto original, así que concurrió de incógnito a la proyección y fue demasiado para un corazón desgastado por los rechazos de crítica y público. No había cumplido cuarenta años.

Pobres directores. A la hora del pataleo, pocos son los cineastas que logran zafarse dignamente de las observaciones de los escritores cuyas obras usaron. Si no hay escritor vivo, ya vendrá algún albacea o club de lectores a poner los puntos sobre las íes y proponer una versión mejorada.

el resplandor

La gran ironía de Stanley Kubrick, uno de los cineastas más personales de la historia, fue hacer propias las historias de otros. De los trece títulos que llegó a dirigir (trece y medio, si contamos el inicio de A.I. - Inteligencia Artificial), sólo Paths of Glory y Killer’s Kiss fueron guiones originales; el resto, adaptaciones de novelas o relatos que compartían en su mayoría temáticas de alto impacto. Los autores elegidos por Kubrick (los vivos, claro) pasaron por todos los estados anímicos imaginables. Stephen King, que había cedido su The Shining (1980), no dudó en defenestrar con elegancia al director por no haber respetado la “auténtica profundidad” de su novela. Anthony Burgess también sufrió la extirpación arbitraria del capítulo final de su A Clockwork Orange (1971) pero enmudeció para no agregar más leña al fuego. Arthur C. Clarke se vio tan desbordado por la adaptación de su relato breve The Sentinel, que se abocó a novelar la grandiosa 2001: A Space Odyssey (1968). Todos ellos comparten el mismo karma: son más recordados por el “gran público” gracias a esas versiones cinematográficas que a sus libros.

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Un libro oculto: biografía no autorizada

19|08
2008

Leandro Vives


por Leandro Vives
leanvives@gmail.com


Voy a contarles algo que le sucedió a un amigo muy cercano. En el 2006 ganó uno de los dos o tres concursos de cuentos que organiza una pequeña editorial de Villa Urquiza. El premio consistía en la publicación de un libro de 80 páginas, género libre, 500 ejemplares totalmente gratis y pago de derechos de autor (3.33% del precio de tapa). A los cinco meses entregó el material: cuentos, foto, prólogo, diseño de tapa y, para julio del 2007, el libro estaba en sus manos. Luego de una modesta presentación para amigos y familiares, cobro de los derechos mediante, compró unos diez ejemplares para entregar a ciertas personas del ámbito literario como medida de prensa, ejemplares que algunos recibieron de manera excelente y otros seguramente usaron para encender el fuego de un asadito. Hasta acá, casi un cuento de hadas.


foto

Pero hoy en día, ¿dónde está su libro? ¿En qué librerías se lo puede encontrar? El interrogante me retrotrae directamente a una entrevista que le hicieron hace mucho tiempo al periodista, escritor y líder de Los Helicópteros, Uki Goñi. El entrevistador le preguntó si consideraba que habían grabado un disco de “culto”, a lo que él respondió que no sabía si era de culto pero sí estaba seguro que era “oculto”. Esto en relación a la poca difusión que había tenido. En este momento, el libro de mi amigo es eso, un libro oculto.

En un principio la editorial le pidió paciencia; le explicó que los libros irían en consignación, que buscarían algunas librerías donde pensaran que podría enganchar y que, debido a que ya habían tenido algunos problemas con las distribuidoras, tratarían de manejarlo ellos mismos. Probaron con los kioscos de diarios y no funcionó: les perdieron ejemplares y hubo problemas para recuperar los restantes y el dinero. Con las librerías nunca supo qué pasó. A principio de este año se sumaron a un proyecto muy interesante de venta de libros por Internet organizado por el INTI. Pero si ahora mismo uno entra a www.compremoslibros.com.ar va a encontrar una página en construcción, después de ocho meses.

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A propósito de Tadeys /1

19|08
2008

Omar Genovese


por Omar Genovese
omar.genovese@gmail.com


N. del E.: El siguiente artículo es un texto inédito de Omar Genovese cedido para HdA. Debido a su extensión se publicará en 4 entregas.


A propósito de Tadeys
de Osvaldo Lamborghini

tadeys

(El presente texto da por sentado que el orden capitular de la novela Tadeys –el capitulo I es el capítulo II, y viceversa-, publicada por Editorial Sudamericana, fue alterado por el cuidador de la edición, César Aira. Y además, que el nombre original de la obra era Vomir.(1) Sentado esto, podemos ocuparnos de lo que ella dispara. Lecturas diversas, no únicas, me han sugerido algunos pliegues de la memoria, tal vez nada tranquilizadores. Me permito, para ello, recurrir a ciertos aspectos de la Historia del Arte, de una época o período de la cultura convenida como occidental.)

Hay algo irremediable en América, nuestra América: el pasado se fundó en otro lugar para que se trasplante y difumine a través una masacre y olvido de la misma. Ambos resultados fueron terribles, y en nada allanan nuestro camino desde la tradición, ya como lectores o escritores que se ocupan de aquello que nos fue dado a leer. Herencia material, peso muerto. Tratándose de Osvaldo Lamborghini parece irónico ir en busca de Jorge Luis Borges, pero a raíz de Vomir la invocación se hace ineludible. Borges decía: “no podemos modificar el pasado, sólo podemos modificar nuestra memoria del pasado”. Con Vomir, el novelista construyó un pasado para restituir la memoria de aquella lengua agotada, que profana el sentido. Una lengua foránea a sí misma, donde la tradición quedó en otro olvido, el de un pueblo sumido en el silencio, tal vez por siempre.

Pero hay otra falta en América, y es un pasado con densidad artística centrífuga, y no centrípeta, dependiente de un habla trasplantada. Quien escribe, entonces, tiene prestada esa lengua madre, con un pasado de una geografía desconocida, extraña. América no tuvo Edad Media y, por tanto, tampoco Renacimiento. Las ideas no tomaron impulso para explotar en todas las artes. Lo que llegó de Europa fue un reflejo deformado, sin gotear la riqueza de los cruces entre escuelas de pintura, la mixtura de arquitectura, ingeniería, filosofía y todo pensamiento objetivado en el hombre. Y, si contemplamos la materia lingüística que nos permite la expresión, tal vez exista una conclusión exagerada: América, aún hoy, no ha hecho “civilización”, sino que fue civilizada por la fría fórmula de la abolición de los otros. Así, Argentina –aún con su europeísmo sin exilio posible-, intentó ser faro cultural, hasta menguarse en desazón y abandono. Lamborghini no era ajeno a tal fenómeno, y sabía que el pasado era una muestra del salvajismo erradicador de otras lenguas. Por ello pienso en Vomir como pasaporte secreto (hasta su muerte, la novela estuvo oculta de cualquier mirada ajena al escritor), o salvoconducto para escapar del peronismo atolondrado, ya decadente. En Barcelona, lejos de ese todo atorrante, lunfardo, aberración del rumor carcelario, que tomó forma en un movimiento inasible invadiéndolo todo, Osvaldo Lamborghini escribió una saga en tres capítulos para inaugurar otra historia, otro verosímil, desde una lengua madre prestada, a cuya densidad sobrevive con el estilo, motor inagotable. Y también construyó un pasado para otra memoria, casi única, en un espacio y un tiempo en el que lo peronista no había nacido, ni estaba previsto, y donde las palabras y acciones doctrinales emanadas por él ya no podían ahogar. Lo importante era fundar otra tradición oral, en el retruécano de una geometría también abierta a todo tipo de posibles, menos hacia lo que ya fue conocido, de manera oficial.

En el juego de palabras hay también un juego de fechas, y el espacio de la Edad Media en La Comarca puede variar entre 1124, 1428 ó 1738, año en que Taxio Vomir muere en la hoguera, según entiende Aira. Entonces, La Comarca (o Lac Omar) tiene su período desplazado como cuando se trata de pensar en una Edad Media China: los cambios, las circunstancias, son siempre otras, más aún en ese condensado de pasado en el que la frontera es la dificultad misma de transitar un paisaje, la distancia material. En Vomir existen tres fuertes lazos con ese pasado que ha quedado fuera de la nueva Historia: la lengua madre, Roma y La Biblia. Palabra y divinidad serán alusivas de lo que ocurra en el relato, pero no su justificación. Los personajes (a veces hombres, otras pequeños monstruos de utilidad diversa: los tadeys) se someterán a lo arbitrario del acto, a las consecuencias catastróficas. Pero también, estarán sometidos a un recuerdo del habla de baldío, cruel, chabacana, delictiva, que tanto marcó el estilo de Lamborghini hasta centrarlo en ello, como un combustible que se consume con lo que se relata. Puede pensarse en los tadeys como vacas de domesticada elegancia erótica, casi humana, y que tal presencia es del orden del esclavo sometido al pragmatismo cultural del invasor: primero bestias para utilizar sus fuerzas, luego carne y piel exquisita, placer al plato. La operación carnívora argentina viajó hacia el pasado para refundar el desenfreno sodomita por una especie salvaje, y así también desmembrar el humanismo cristiano: nada, con clarividencia, se distingue, ni la bondad o maldad de los actos del hombre.

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Tragedia en sepia

15|08
2008

Celia Dosio


por Celia Dosio
celiadosio@gmail.com


Sobre Stefano,
de Discépolo con dirección de Cacace

Este año se cumplen ochenta años del estreno Stefano, de Armando Discépolo. Se suele decir que esta obra es la primera, única y mejor expresión del grotesco criollo. Los textos escolares lo repiten. Se analiza lo tragicómico, se habla de la inmigración, del tema del otro, se lo menta a Pirandello. Nada de eso importa demasiado. Stefano resiste. Sigue siendo, por lo menos para mí, una de las mejores obras de teatro argentinas, si no la mejor.

Stefano

La sala Apacheta es pequeña y acogedora. Esperamos un buen rato a que empiece la función. El espacio escénico muestra un comedor de otro tiempo: la alfombra raída, el aparador, la mesa servida. Todo está envejecido, como atesorando los buenos tiempos. Todo está bañado por la luz de un pasado mejor. Pero vemos algo más que rompe la ilusión realista, marca y signo de la representación teatral: bajo el mantel hay algunas piedras y cascotes. Imagen visual gráfica y explícita que nos instala en esa otra realidad, la ficción. Aparecen los ancianos: degradados, mezquinos. Aparecen los hijos: flacuchos y llorosos. Aparece la madre: avejentada y reseca. Todos apuntan a un mismo blanco para sus desgracias: Stefano.

La obra comienza muy arriba, con los abuelos que llegaron a un límite en su sufrimiento. Pero cada escena hará algo que parece imposible, agregar a ese dolor un punto más. Llega un momento en que se hace insoportable. Pero Discépolo no retrocede, Cacace, el director, tampoco. Parecen decididos a probar de qué madera están hechos los personajes. La situación llega al extremo y los muestra en carne viva. El discurso que cruza reproches e incomprensión generacional e ilusiones perdidas se vuelve revulsivo cuando corroboramos que nadie aprendió nada con ese sufrimiento. En este punto, el pesimismo de la obra es absoluto. El error perpetuado hasta la locura. La imposibilidad de cifrar la esperanza en un lugar donde pueda fructificar.

La opción de Cacace en la dirección fue respetar el texto pero destacando la profundidad de la tragedia y esfumando los pasajes de comicidad. Apenas un destello, la escena de Stefano con Pastore. Es para destacar la solvencia y expresividad de Antonio Bax como el clownesco aprendiz de músico. En realidad, todo el elenco está muy bien.

Para no perdérsela.

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Presentación de Eterna Cadencia Editora

15|08
2008


por P. Z.


Ayer por la tarde se presentó formalmente Eterna Cadencia Editora, el sello gestado desde la librería Eterna Cadencia. Sobre el proyecto, entrevistamos a Ana Mazzoni, agente de prensa, días atrás.

Sorprendió el poder de convocatoria. En un rápido ejercicio de memoria, puedo contar entre el público a Martín Caparrós, Carlos Gamerro, Martín “Adidas” Kohan, Cristina Mucci, Damián Tabarovsky, Juan Terranova, Oliverio Coelho, el equipo de Tamarisco casi completo (Sonia Budassi, Félix Bruzzone, Hernán Vanoli), y varios más.

Pablo Braun y Leonora Djament

Pasadas las ocho de la noche, Pablo Braun (Director General) y Leonora Djament (Directora Editorial) se acomodaron en la escalera del sector del bar y, micrófono en mano, leyeron sus breves discursos. Mucha intimidad, mucha esperanza. Mucho cariño para con los libros, los “nuevos hijos”.

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Recibimos: Cuarteto para autos viejos

15|08
2008

El agradecimiento a Eterna Cadencia Editora por el envío de Cuarteto para autos viejos, de Miguel Vitagliano

cuarteto para autos viejos

En un libro sobre el amor que el hombre que hacía las casitas no conocía, que Octavio había comprado en una librería de viejo pero que jamás leyó, que Matilde vio leer reconocentrada a una joven en el colectivo 85, y que Perla perdió en una mudanza sin siquiera haber abierto sus páginas, podía leerse “¿Por qué conservar y dejar envejecer lo que se tiene? ¿Acaso se conservan los autos viejos? Conservar lo que se tiene es capitular frente a lo que no se tiene, es privarse, disminuir, envejecer”. Las cosas pasan, y siempre dejan algo que se ignora.

Esos extraños comics

14|08
2008

Matías Fernández


por Matías Fernández
matiasfernandez.hda@gmail.com


En sus miles de formas la literatura nos fascina. Muchos de nosotros nos enamoramos en alguna de esas formas, de algún cuento o novela hasta el punto de soñar con algún personaje o releer mentalmente cada una de sus páginas (releer mentalmente es recordar, pero de una manera mucho más puntillosa, es la forma en que recuerdan los lectores).

Algunas veces nuestras novelas favoritas terminan de manera rotunda, sin posibilidad de apelación. ¿Qué le pasó al protagonista? Está bien, se volvió loco, ¿pero qué hubiera pasado si…?

Ésta me parece que es la veta más literaria del comic, un género a caballo entre el entretenimiento comercial, la literatura y las artes plásticas.

comics

En el comic o, como se decía antes, “las historietas”, cada historia no solo puede continuar infinitamente sino que puede tener variantes. Es decir: un grupo de personajes pueden tener sus yoes alternativos en un mundo paralelo al que, seguramente, alguna vez accederán para realizar alguna aventura. Ahora se me viene a la mente el caso de La Liga de la Justicia, que muchos recordarán en su versión edulcorada y animada, Los Superamigos, ese conjunto de superhéroes dedicados a casos domésticos y alejados de los conflictos que ponían en peligro al universo todo.

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Recibimos: Historia de un secreto

14|08
2008

El agradecimiento a Editorial Interzona por el envío de Historia de un secreto. Sobre la Suite Lírica de Alban Berg, de Esteban Buch.

historia de un secreto

“Esta noche, mi amor, te he sido infiel por primera vez. Ya sabes que mi idea de la fidelidad no es como la de la mayoría. Para mí, es un estado interior que nunca abandona al amante, que lo sigue como su sombra y se vuelve parte de su personalidad: el sentimiento de que nunca está solo, de que es un ser dependiente, de que sin la amada ya no es una persona entera, capaz de enfrentar la vida.

“En ese sentido te he sido infiel esta noche. Fue durante el final de la sinfonía de Mahler, cuando poco a poco me invadió una sensación de completa soledad, como si del mundo no hubiera quedado nada más que esa música -y yo que la escuchaba. Pero cuando tras el clímax, potente y arrollador, se hizo el silencio, sentí una punzada de dolor, y una voz adentro mío dijo: ‘¿y Helene?’. Sólo entonces me di cuenta de que te había sido infiel, y por eso imploro ahora tu perdón. ¡Dime, amor mío, que me comprendes y me perdonas!”

El joven Alban Berg confiesa a su novia Helene Nahowski una infidelidad absoluta: el clímax de la música disuelve incluso la conciencia de la culpa. También le confiesa una infidelidad secreta: en la sala de conciertos, nadie habrá intuido la traición em si rostro deslumbrado. Y sin embargo, esa nocha de 1907 en Viena, Berg es infiel en lo más profundo de su ser, en esa intimidad sensible donde no reina ni la moral, ni el mundo. El compositor se entrega a la Tercera sinfonía en re menor de Gustav Mahler, Mahler que canta a Nietzsche: “Toda dicha ansía la eternidad”, esa Ewigkeit con la que Goethe había terminado Fausto y con la que él mismo un día terminará Lulú. Esos pocos minutos disuelven el mundo en la dicha, y sin embargo el éxtasis sólo dura lo que la música tarda en apagarse, como en el vértigo de una relación prohibida.

La Suite Lírica de Alban Berg:

Nadie sabe adónde va la noche

13|08
2008


por M. F.


nadie sabe adónde va la noche

Cuando leo una historia encarada a la manera de Nadie sabe adónde va la noche, me reprocho nuevamente la demorada lectura de Ulises. Sin dudas resulta indispensable para leer una obra que tiene como principal característica el periplo de su protagonista durante una noche en la ciudad de Atopía. Mas aún si se trata de una escritora como Beatriz Vignoli que tiene, como pude leer, cierto grado de especialización en la narrativa anglosajona. Me conforta un poco pensar que una misteriosa prologuista del libro que firma B.V. tampoco leyó Ulises. La parte en que desmiento la afirmación probando que en realidad si lo leyó, no formará parte de esta reseña.

Hace unos años tuve que leer la novela de Gonzalo Celorio Y retiemblen en sus centros la tierra que narraba también la aventura de un hombre adulto cincuentón, con la bebida y la soledad como acompañantes en un recorrido diario que empezaba de manera muy similar. Más para acá la aventura de Adán Buenosayres también se encuentra con Nadie sabe…

Ricardo Rojas, el protagonista de la novela, es un crítico literario, profesor de Literatura Inglesa y Norteamericana I en la Escuela de Letras de la Universidad Nazi-onal de Atopía (Mucho más acá, en el mundo real, Ricardo Rojas fue el primer crítico de la literatura argentina, el creador del canon de la literatura nacional. También fue rector de la Universidad de Buenos Aires y director de la Biblioteca Nacional).

Ricardo decide salir en esa noche de invierno, sin rumbo fijo. “Decidí esa noche no estar en ninguna parte[...] ¿Cómo se hace para no estar en ninguna parte?”. Él tiene la capacidad de enamorarse de cada una de las mujeres que conoce o apenas ve. Su mundo está en ellas transitoriamente, mientras dura el encandilamiento que la mayoría de la veces no pasa de eso. No importa cuan viejas, jóvenes o extrañas sean, Ricardo sólo necesita unos segundos para transformar aquello que ve en algo precioso.

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El terrorismo como espectáculo

13|08
2008

Gordo Gostanián


por Gordo Gostanian
gordo.gostanian@gmail.com


Recomiéndese a discreción el programa The Shield.
Imprescindible conocer el canal AXN.
Porque, quien no tenga cable, no lo verá.
Pero quien lo vea, estimado profesor, notará tres elementos particulares.
La alopecia de Vic Mackey.
Pero, sobre todo, la violencia de Vic Mackey.
Y los sujetos violentados por Vic Mackey.

the shield

I

La alopecía, estimado profesor, es un recorte protagónico.
La caracterización atípica para el agente de policía atípico.
Considere que la brigada de Vic Mackey, estimado profesor, es una brigada freak. Constituida por algunos bocetos pretensiones de esa white trash que ni Chuck Palahniuk se atreve a ubicar como protagonistas de sus novelitas.

II

Lo cual implica el salto cualitativo a la segunda cuestión.
La brigada de Vic Mackey, estimado profesor, es marginal.
Y constituye lo que en términos historiográficos y comerciales se llamó, en Argentina, para el goce trivial de la progresía despectiva, una patota.
En términos institucionales: un grupo de tareas (GT).

Patota de indeseables a la que le corresponde eliminar indeseables.
Con todos los medios a su alcance.
Incluso los que la medianía civil considera aceptables.
Pero, en especial, con los otros.
El de la seguridad nacional, estimado profesor, es un escudo sucio.
The Shield insiste, acaso con cierta torpeza normalizadora evidente, en vistas a la seguridad internacional, en que, además de sucio, es un escudo necesario.
Porque en los intersticios casi agambianos de la ley, Vic Mackey extorsiona. Secuestra y tortura. Asesina y desmiembra. Sencillamente porque Vic Mackey es la ley, está exento de la ley.

III

Interpélese la violencia de Vic Mackey, en todo caso, a partir de las fantasías de exterminio. Lo cual implica el salto cualitativo, estimado profesor, a la tercera cuestión.
Los sujetos violentados por la patota de Vic Mackey –aquellos secuestrados, torturados, asesinados y desmembrados– no son delincuentes ordinarios.
De hecho, estimado profesor, ni siquiera son sujetos.
Son negros. Son mexicanos.
Homies y eses.
Lacra. De la peor.
Invasores silentes del territorio nacional.
Terroristas de la vida cotidiana en dosis homeopáticas.
Y la patota de Vic Mackey los extermina cada semana.
Y cada semana, los homies y los eses vuelven a resucitar.
Porque están al margen de la ley, la ley no los retiene.
No los reprime. Los extermina.

IV

¿Cuál es el hallazgo de The Shield, estimado profesor?

No sólo el antagonismo entre la veracidad del muscle del detective Vic Mackey y el processing hasta el paroxismo del doctor Gregory House.

Sí, en especial, en el terror al abismo de una lógica productiva.

Porque violentos y violentados, estimado profesor, se generan y se exterminan sin ley.
Porque violentos y violentados, estimado profesor, se generan y se exterminan en el core de una naturaleza social sin freno.
El de la demanda y la oferta de seguridad.

Desde las comodidades de la periferia mundial, estimado profesor, no hay un modo más entretenido de comprender la operatividad contemporánea del terrorismo global.

Recibimos: Villa Celina

12|08
2008


por P. Z.


Hago público mi agradecimiento para Juan Diego Incardona, quien me regaló -con una sutil dedicatoria incluida- su nuevo libro de relatos, Villa Celina.

villa celina

El viernes por la noche, Juan Diego pasó por casa antes de salir a vender sus objetos maravillosos. Reconozco que tenía miedo de que mi mujer y mi hija le saquearan la mochila repleta de anillos, pero no tuvieron oportunidad. El encuentro fue breve; él tenía que apurarse a llegar hasta Palermo Hollywood. Me contó que estaba muy contento con la recepción del libro y con la presentación, que fue a la vez masiva y muy íntima. Con reencuentros de viejos amigos y final a puro baile, todo organizado por Funes.

Villa Celina ya comenzó a recibir buenas críticas, y Silvina Friera entrevistó a Incardona para Página 12.

La mejor novela de Capote

12|08
2008

José María Figueras


por José María Figueras
josemfigueras@gmail.com


Truman Capote es uno de los mejores escritores que leí. La mayoría de los admiradores de Capote coincidimos en un punto: A sangre fría es su gran obra. Está allá arriba, es su Biblia y hay un cierto consenso sobre el carácter de obra maestra de ese libro. Es, además, el libro bisagra, hay un Capote pre sangre fría y otro posterior. Aunque en realidad no sé si lo que escribió después merece siquiera el calificativo de “obra”. Son piezas menores comparadas con todo lo previo. Es Beethoven haciendo cumbia. La Quinta Sinfonía de Capote ya sonaba muy lejana cuando empezó a darle forma a lo que después sería Plegarias atendidas, un libro que no tuvo ni por asomo la perfección que él tanto había prometido y tanto había buscado. Sin dudas, su declinación física acompañó a la creativa. Él mismo reconoció que “nadie sabrá nunca lo que A sangre fría se llevó de mí, me chupó hasta la médula de los huesos”. Y encima se quedó esperando un Pulitzer que nunca llegó.

Por lo tanto, a los efectos de este post por lo menos, voy a considerar de A sangre fría para atrás. Y ahí me diferencio de otros “capoteanos” que consideran a Desayuno en Tiffany´s como su mejor libro cuando yo creo que Otras voces, otros ámbitos es muy superior. Podría haber considerado también a El arpa de hierba, otra hermosa novela, pero su final ha sido tan vapuleado, tan criticado que hasta llegué a pensar que sí en efecto, esa novela merecía otro final. “Todo depende mucho del último capítulo. Desgraciadamente me tiene en una gran tensión”, dijo Capote a sus amigos poco antes de concluirla. Y no era para menos: había algo que no andaba bien en ese final y la opinión de los directivos de Random House fue unánime: las últimas páginas no estaban a la altura del resto de la novela.

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Realidad 1 – Ficción o

11|08
2008


por M. F.


salían a golpear a pobres

Aquellos que conocían a Mario, el canillita, no lo habrían reconocido en ese momento, con el rostro marcado por la locura. Miraba a todas partes buscando algo y, sobre todo, la 4×4 de vidrios polarizados que lo seguía a prudencial distancia. En ella iban los dueños de su vida, como de la de todos los habitantes del lugar. Arévalo (el hijo de Francisco Saavedra) y sus amigos, todos importantes “hijos de”, lo habían escogido para la diversión de aquella noche. Desde el vehículo lo filmaban, riéndose, y le hacían luces para ponerlo nervioso. Los “hijos de” se entretenían eligiendo tipos al azar y apretándolos.

Berazachussetts, de Leandro Ávalos Blacha, Entropía, Buenos Aires, 2007, pp. 29-30.

*Gracias Catalina.

Malba.literatura: agosto ‘08

11|08
2008

Agenda de actividades de Malba.Literatura para agosto:

malba.literatura 08-08

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Duele oírlos caer

08|08
2008

Celia Dosio


por Celia Dosio
celiadosio@gmail.com


Sobre Olympica,
del grupo Krapp

Ya en la cuenta regresiva para una nueva edición de los juegos olímpicos, intuimos que en las próximas semanas nos volveremos expertos en saltos ornamentales, gimnasia rítmica y nado sincronizado. Además de sufrir con el jóquey, el fútbol, el básquet y con cualquier otro deporte en el cual algún argentino tenga chances de ganar algo. Anticipándonos al espíritu de la competencia y la ética deportiva, nos dimos cita en el Portón de Sánchez para disfrutar de la reposición del último trabajo del grupo Krapp.

Luis Biasotto y Luciana Acuña dirigen Olympica, una indagación sobre el lado flaco del deporte. Las debilidades, las limitaciones, las bajezas de la “sana competencia” tratadas con el humor y la brutalidad que los caracteriza.

olympica

Se enciende la luz tenue del faro de una bicicleta fija y la obra comienza. Casi como una premonición, todo será igual de trabajoso para este grupo de deportistas. Los vemos jugar con una pelota cuadrada, se la pasan, se taclean y se caen.

Sucesión de cuerpos que se sobreexigen, se golpean, se desploman.

Duele.

Ovación.

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Recibimos: Anís

08|08
2008

El agradecimiento a Editorial Entropía por el envío de Anís, de Mariana Dimópulos.

anís

Se equivocan aquellos que crean del señor Bonow todo lo que después se dijo, cuando la caída ya había tenido lugar. En especial lo de su gusto por la violencia y de una cierta perversidad en sus obsesiones. En él, es cierto, se conjugaban el hábito de la soledad y la tristeza, el entusiasmo algo exacerbado por lo fútil y el deseo de justicia. Y aquello se coronaba con un estado de vagos enamoramientos y fuertes fidelidades. El señor Bonow venía de las tierras del norte, tal como a él le gustaba llamar a las zonas alemanas que habían sido perdidas durante la Segunda Guerra Mundial, pero tenía tantos años en Buenos Aires que su acento se había vuelto un sutil acertijo para aquellos que contasen con oído suficiente y escuela de perspicacia.

Doce pruebas de la inexistencia de Dios

08|08
2008


por M. F.


doce pruebas de la inexistencia de dios

Pobre Faure, intenta demostrar la inexistencia de dios. Parecen no haberle advertido que para que exista una pelea hace falta que haya, como mínimo, dos personas. O instituciones.

Doce pruebas de la inexistencia de Dios es un libro breve pero contundente. Un libro que contiene en si el enojo del pensamiento libre pero también sus propias contradicciones que parten desde el título con un Dios en mayúscula.

Sebastian Faure fue un pensador y activista anarquista del siglo XIX. Nació en Francia en 1858 y fue educado bajo una férrea doctrina católica, incluso “cursó” el seminario sacerdotal, pero lo abandonó después de la muerte de su padre.

Estos datos están incluidos en la pequeña reseña biográfica del libro a cargo del editor.

También están incluidos en el libro una serie de ilustraciones sobre el tema de León Ferrari, cedidas especialmente para la edición de este libro.

Qué curioso, la iglesia produce en su seno el odio más profundo.

El libro tiene una sección introductoria y más adelante está dividido en tres secciones: “Contra el Dios creador”, “Contra el Dios gobernador o providencia” y por último “Contra el Dios justiciero”. La primera sección contiene siete pruebas, la segunda cuatro y la tercera y última, dos.

Todos los argumentos de Faure intentan horadar los principios doctrinarios de la iglesia de una forma que no quisiera llamar ingenua sino más bien directa, sin prevenciones filosóficas. Simplemente toma un argumento, lo eleva a la hipérbole y una vez en esas alturas lo estalla en mil pedazos.

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Recibimos: Y todo el resto es literatura

07|08
2008

El agradecimiento a Editorial Interzona por el envío de Y todo el resto es literatura. Ensayos sobre Osvaldo Lamborghini, compilados por Juan Pablo Dabove y Natalia Brizuela.

y todo el resto es literatura

Si todo el resto es literatura, ¿qué es la obra de Osvaldo Lamborghini? La literatura al cuadrado. Es decir, la literatura multiplicada por el mito del escritor. El autor que publica una breve obra en vida, y con eso alcanza para dejar la marca radical de la intransigencia, y al que luego la muerte lo apresa en cuatro tomos de obras completas en todas las librerías. Y en medio, una escritura que da vuelta como un guante la relación entre literatura y política, entre historia y sexualidad, entre tradición y vanguardia. No puede entenderse la literatura argentina de los últimos cuarenta años sin la obra de Lamborghini. Pero tampoco puede entenderse sin antes reflexionar sobre su lugar en el sistema literario. ¿Puede un escritor se marginal y central a la vez? ¿Puede estar la periferia en el centro y el centro en ninguna parte?