La respuesta de Piglia a Noticias

Ricardo Piglia responde a la nota de tapa de la revista Noticias de esta semana.

A los amigos:

El quiosquero a quien le compro los diarios me hizo ver la tapa de la revista Noticias con mi foto en una serie semipolicial. Quiero aclarar que nunca he sido kirchnerista y por lo tanto, tampoco he dejado de serlo. Pero siempre, y (ahora más que nunca) he mirado con simpatía las medidas adoptadas por Néstor y Cristina Kirchner. Ya sabemos que los periodistas mienten pero recién ahora me encuentro con una evidencia personal. Un tal Zunino llamó a mi casa y fue atendido por una amiga que cuando escuchó que hablaba de parte de la revista Noticias , le dijo que no teníamos ningún interés en hablar con esa publicación y le colgó. El tal Zunino volvió a llamar y dijo “Se cortó la comunicación” y mi amiga le contestó: “No, yo le corté”. Quizá por ese gesto, dedujo que yo era antikirchnerista. En cuanto a los panqueques, prefiero los de dulce de leche.

Les pido a mis amigos que hagan conocer este mensaje.

Un abrazo para todos,
Ricardo Piglia

Bogart y el hambre

Sobre El hambre, de Martín Caparrós (Planeta).

Por PZ.

Ayer tiré una palta. Estaba en la heladera, escondida quién sabe desde cuándo. Las paltas no van en la heladera, pero esta estaba ahí, escondida. Pasada, achicharrada, incomible. La agarré y la tiré. Y entonces pensé que estaba tirando comida. Hacía mucho que no pensaba en eso; cada vez que tiraba comida hacía eso: tiraba comida. Pero esta vez, además de tirar comida me quedé pensando que lo estaba haciendo, que estaba tirando comida. Mi papá cuando iba a tirar pan a la basura, antes le daba un beso. El pan: el cuerpo de Cristo. Una vez le pregunté por qué no le daba también un beso a la carne o las verduras. Era una pregunta que no esperaba respuesta —y que por supuesto no la tuvo. Pero volvamos: decía que ayer tiré una palta y me quedé ahí, al lado del tacho de basura, mirando la palta.

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La partera de la historia

Por PZ.

Ayer en Eterna Cadencia entrevistamos a Sergio Bizzio para hablar de su novela Rabia, pronta a reeditarse. Mientras se desgraba la charla en el blog de la librería, aquí va el texto con el se presentó el encuentro.

sergio bizzio

Recuerdo exactamente cuándo terminé Rabia: era de madrugada, digamos las tres de la mañana, mi mujer y mis hijos dormían hacía rato y yo estaba a punto de llorar. Es curioso pero también recuerdo cuándo la comencé a leer: esa misma mañana, temprano, en la parada del colectivo para ir a dar clases. En la primera página María —José María, en realidad— le pregunta a Rosa: «¿Me das la cola?». La pregunta me hinchó las bolas, se me dispararon todas las alarmas. ¿De qué va esta novela? ¿Es una sátira, un chiste? ¿Bizzio se va a reír de mí? Creo que en un punto podría decir que esa incertidumbre la tuve en cada libro. Alguna vez le señalé a Bizzio que sus novelas comienzan siempre con un hecho de violencia: la violencia como la partera de la historia. Esa violencia hacia adentro se refleja en una incomodidad hacia fuera, hacia el lector. Hay que saltar un obstáculo, para leer a Bizzio. Tardé varias páginas en reconocer que la pregunta estaba muy bien y que forma parte de la intimidad de las parejas. Que todos, con variaciones, con más o menos suerte, alguna vez la hemos hecho. El argumento de Rabia es relativamente sencillo: María es un obrero de la construcción y está enamorado de Rosa, una empleada doméstica (aunque, raro, tiene un Rolex) de una casa vecina. Pero María es víctima de accesos de furia. Es en uno de esos momentos cuando mata al capataz donde trabaja y huye. Se esconde en la mansarda de la casa de Rosa, ocultándose de todos, incluso de ella. La trama, entonces, pasa a un nuevo plano. Rabia se vuelve una exploración sobre el amor, sobre las relaciones personales, sobre el aprendizaje —en Bizzio siempre hay mucho de aprendizaje, de educación sentimental—. Matilde Sánchez ha señalado esta novela como una de las dos mejores novelas de los últimos tiempos (la otra es Toda la verdad, de Juan José Becerra). El final es descorazonador, de una entrega total. Recuerdo que terminé de leer, me serví una medida de whiskey, me fui a acostar. Abracé fuerte a mi mujer, que, creo, se quejó un poco.

Una memoria coral

Sobre Fogwill, una memoria coral.

Por Ignacio Echevarría*.

No hay personalidad tan anodina que, reconstruida a través de testimonios parciales de quienes la conocieron -a veces muy pasajera o sesgadamente, en momentos y contextos acaso muy distintos-, deje de ejercer alguna fascinación y hasta suscite un cierto enigma. Lo comprendió muy bien Orson Welles cuando concibió el guión de Ciudadano Kane, paradigma de una fórmula empleada hasta la saciedad de cineastas, novelistas, documentalistas, biógrafos y reporteros para trazar el perfil de los más diversos personajes. Así que no puede decirse que Fogwill, una memoria coral (Mansalva, Buenos Aires, 2014) sea resultado de una idea muy original. Su autor, Patricio Zunini (Buenos Aires, 1974), declara haber dedicado varios meses a entrevistas “a amigos, escritores, editores, diferentes personas del ambiente cultural que conocieron a Fogwill [cerca de medio centenar, en total], con la intención de enhebrar una narración a partir de estos testimonios de primera mano”. Hasta aquí, nada fuera de lo corriente. Menos usual es la radicalidad con que Zunini ha llevado a término su empeño, resuelto a interponer en ningún momento su propia voz, limitándose al montaje de los diferentes testimonios. El talento, el fino oído, el rigor y la delicadeza con que ha procedido convierten su libro en una lectura electrizante, magnética, divertidísima, conmovedora, hasta el punto que incluso quien no haya tenido hasta la fecha noticia de Fogwill puede disfrutar esta “memoria coral” como una construcción narrativamente lograda.

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Los nombres de Chitarroni

Por PZ.

Con este texto, que no busca explicar Peripecias del no sino abordar algunos temas que trabaja la novela, comenzamos la entrevista pública a Luis Chitarroni de ayer en Eterna Cadencia.


Foto: Vito Rivelli.

Hay una idea borgiana —con perdón por mencionar a Borges antes de decir cinco palabras—, una idea, decía, de totalidad borgiana según la cual toda la literatura puede ser leída como texto único. Esta premisa genial actúa directamente sobre el lector: después de conocerla uno ya no vuelve a leer de la misma manera; pero también sobre los escritores: bastaría con borrar las firmas para que se mezclaran en una confusión totalizadora.

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Fogwill es un relato

El domingo se presentó Fogwill, una memoria coral (Mansalva) en el Festival Azabache de Mar del Plata. Rodrigo Montenegro, que está escribiendo su tesis doctoral sobre Fogwill, presentó el libro con estas palabras.

Por Rodrigo Montenegro.

Fogwill, una memoria coral es el primer libro que reconstruye la vida de Rodolfo Enrique Fogwill.

Pero Patricio Zunini no elige una voz y una perspectiva narrativa, sino muchas, para armar un montaje de voces: un coro. Esta polifonía pareciera decir que, antes de ser escritor, sociólogo, militante, publicista, navegante, último maldito de la literatura argentina, Fogwill es –ante todo– un relato, ahora preservado por una memoria fragmentada como consecuencia de su vida proliferante. En este Fogwill… vida y escritura se vuelven a confundir como mecanismo de la recordación.

Entonces, el texto es memoria -–colectiva, oral, urgente– y no un registro documental de “la verdad”. Eso no quiere decir que la verdad no exista, sino, simplemente, que no hay una sola; porque no hay posibilidad de captar objetivamente una vida que fue muchas.

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Diario nocturno

Por PZ.

La editorial Fiordo publica el Diario nocturno. Cuadernos 1946-1956, de Ennio Flaiano (1910-1972). Flaiano fue guionista de Federico Fellini («Es el autor de los guiones de mis más grandes películas: el mejor guionista que he conocido y un novelista absolutamente extraordinario») y obtuvo en 1947 el Premio Strega por la novela Tempo di uccidere. En 1958 fue traducido por Seix Barral y luego fue extrañamente olvidado por la lengua española. La libertad con la que escribe los cuadernos de Diario nocturno es asombrosa, salta al ritmo de sus caprichos componiendo aforismos, microficciones, crónicas irónicas. Las formas breves son —como señala Eduardo Berti en el exquisito prólogo— las preferidas de Flaiano, quien alguna vez ha dicho: «¿Por qué no he escrito una obra teatral? ¿Por qué hacer una obra teatral cuando se puede hacer un guión de cine? ¿Por qué hacer un guión de cine cuando se puede hacer un artículo? ¿Por qué hacer un artículo cuando se puede hacer un breve artículo?» Es probable que la aparición de Diario nocturno no esté acompañado de la celebración que amerita, pero indudablemente es uno de los hechos más importantes en lo que va del año.

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La pasión suspendida

Por PZ.

la pasión suspendidaEl mes pasado la editorial Paidós publicó La pasión suspendida un libro buenísimo de entrevistas a Marguerite Duras hechas por Leopoldina Pallota della Torre. Es un libro largo que aborda los diferentes perfiles de la escritora, desde su niñez hasta su vida adulta, el trabajo literario, la autobiografía, el cine, el teatro, la relación con los intelectuales franceses, etc. Bien construido, con una insistencia temática, termina con una pátina nostálgica muy efectiva. Tiene un prólogo (excelente) de Silvio Mattoni y está traducido por César Aira. Súper recomendado –y no sólo para los amantes de Duras.

De ese libro extraigo unas pocas frases de Duras (algunas son un poco pomposas) que ayudan a conocer la figura de la escritura y a sus libros:

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Fogwill, una memoria coral

Presentación de Fogwill, una memoria coral, de Patricio Zunini (Mansalva).

Entre marzo y diciembre de dos mil trece, Patricio Zunini entrevistó a amigos, escritores, editores y diferentes personas del ambiente cultural que conocieron a Fogwill, con la intención de enhebrar una narración a partir de esos testimonios de primera mano. Cada entrevistado aportó una mirada –necesariamente parcial porque Fogwill tuvo muchas vidas y las vivió todas a la vez– que se complementa, se opone, relativiza, dialoga con la de los otros. Aunque siempre faltarán voces: cubrir las relaciones que Fogwill mantuvo es una tarea inabarcable. El resultado es un texto coral que, sin la pretensión universalista de la biografía, ni la ligereza del anecdotario, da cuenta de cómo la memoria colectiva recuerda (construye) a uno de los escritores argentinos más relevantes de los últimos treinta años.

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