31/03/2008

No es país para viejos

Por P Z


por P. Z.


Hacia una comparación entre No es país para viejos y Sin lugar para los débiles.

no es país para viejos

I

En aquellos tramos en que la película se mantiene fiel al libro, uno siente que podría hacer el ejercicio de lectura en simultáneo. El grado de detalle con el que McCarthy relata cada acción, da la impresión de ser un manual de instrucciones del autor enviado al director.

Sin embargo, el argumento está mejor explotado en la película. Cuando se alejan de la adaptación fiel, los Coen consiguen despojarlo de todo lo superfluo (personajes, situaciones, diálogos), centrándose específicamente en la cacería de Anton Chigurh. Ese recorte le otorga una mayor fluidez al tiempo que consigue el doble efecto: desconcertarnos y someternos a la violencia extrema.

El libro se ajusta al policial, la película va más allá. Aunque no tengan puntos en contacto, me hizo pensar en Pulp Fiction.

II

El comentario irónico descontractura. Chigurh detiene a un hombre, le pide que baje del auto. El hombre confundido, ya parado en la ruta, pregunta qué necesita. Chigurh lo mata. “No quería que manchara el asiento”, explica. En la película no hay comentario. No hay explicación. Hay menos espacio para el diálogo, acrecentando la violencia. No podés aflojarte.

Pero paradójicamente, hay más humor. El humor taimado de la gente de frontera, aquella que sabe que hay cosas que no se deben preguntar, ni decir.

III

Llegado a este punto, debo reconocer que la preferencia por la película puede no ser tan imparcial: no me gusta el estilo de Cormac Mc Carthy. Me gusta lo que cuenta, pero no cómo lo cuenta. Termina por agotarte:

“…volvió a su habitación y metió en la bolsa su recado de afeitar y la pistola y cruzó el aparcamiento y subió al Ramcharger y arrancó y cruzó al…”

Para seguir navegando:

31/03/2008

La literatura del espectro /1

Por Marcelo Zuccotti

Primera parte de la Charla abierta sobre Philip Roth. Jueves 27/3 en la Boutique del Libro de Palermo. Disertantes Luis Chitarroni y Adrián Haidukowski.

Desgrabación a cargo de Marcelo Zuccotti.


Luis Chitarroni: Buenas noches. Estamos acá reunidos (hay otras reuniones más importantes en Buenos Aires) para hablar de un gran maestro de la prosa que es Phil Roth, y para desentrañar un poco este libro que es Sale el Espectro, que es, hasta ahora, la última novela de Philip Roth.

Roth tiene ahora 75 años; en Estados Unidos se está haciendo una recopilación de su obra completa, que es verdaderamente copiosa, y creemos que es significativo ver cómo la obra de Philip Roth influyó en la narrativa argentina. Para eso, está aquí, invitado, Adrián Haidukowski, joven narrador de 33 años, y él va a empezar a contar un poco su versión de Roth, y después hablaré un poquito yo, y después hablará quien quiera, y así va a pasar esta reunión.

Adrián Haidukowski: Hola, ¿qué tal?. Gracias por venir. Es interesante que sobre este libro en particular se arme una charla, porque el tema central del libro justamente es ése, es usar la novela como herramienta para el pensamiento. Nada mejor que debatirlo y charlarlo entre mucha gente.

Cuando analicé la novela, pude llegar a la conclusión que, quizás el efecto es casi como un engaño. Es otro capítulo de Zuckerman, pero esta vez en un tono que al principio resulta simple, pero que en el fondo está como algo complejo, una especie de burla por todo lo que ocurre alrededor, más que nada por la ciudad y la estética de la ciudad, y en este caso la mezcla entre la realidad y la ficción sirve para resaltar la necesidad de que el lector se convierta solamente en lector. Ni un crítico, ni un juez ni un chismoso.

Roth generó en el mundo literario un chisme a su “alter ego”, sobre la necesidad de escribir sobre sí mismo. Pero, por otro lado, quien se queda en este punto, quien se queda en el alter ego de Roth, y lo analiza desde ahí, está analizando como desde el lugar equivocado. Y vuelvo a la palabra “chismoso”, que es una palabra fea, pero… Porque las narraciones de Roth siempre generan en el lector esa necesidad de querer saber más. Es decir, cuando yo leo a Roth me siento chismoso; siempre tengo la necesidad de saber más cosas. Y no porque necesite leer entre líneas, o necesite descubrir un acertijo cual novela policial, sino porque en general, es esa necesidad de chisme.

Lo cual es grandioso porque en el fondo de todo es contra lo que el autor pelea en todas sus narraciones: contra el chisme mismo que genera un cierto “fuera de foco”. Hay un “fuera de foco” en todos los aspectos en esta novela. Los personajes están desenfocados, la ciudad también está desenfocada. Incluso el país, Estados Unidos, y el mundo mismo está desenfocado. Y este “fuera de foco” es la estrategia que utiliza Roth para ir avanzando, para encontrar los “plot points” que van dando el argumento de la novela.

De esta manera, lo que resalta y lo que da a entender, y lo que es interesante, es la lucha que lleva el autor contra la muerte de la novela como género. Contra la muerte del autor como autor, y del lector como lector. Esta pelea, Zuckerman la lleva adelante contra el biógrafo historiador que quiere sacar provecho de los supuestos “trapos sucios” de su maestro fallecido. El autor, es un autor, y vale por sus narraciones sin importar la vida pública. El lector asume la necesidad de saber más del chisme, pero sabe más sobre las letras escritas en sí mismas, no sobre la celebridad o del precio cual es el escándalo. Hay una crítica muy fuerte a la crítica; la acusa de inmiscuirse en la vida privada del autor, porque es mucho más fácil hablar de eso que profundizar en la literatura en sí misma.

También, volviendo a la novela, hay engaño desde otro punto de vista. En mi caso esperaba un héroe joven o joven de espíritu, y que Roth nos da un Zuckerman de ocaso, un viejo senil que olvida cosas, que tiene problemas de incontinencia, y que, desde cierto lugar, sufre las carencias de arraigo. Por momentos, la reflexión de este personaje se hace dolorosa y, para los que leyeron el libro, por momentos es dolorosa también. Uno puede sentir de la manera que describe los problemas que tiene el héroe. Sin embargo, también hay una firme necesidad de creación; la novela más allá de la muerte, de la literatura erótica y de la literatura política. Dice “existe la mentira que traerá la verdad, ésa es la ficción literaria”.

Por ejemplo, las primeras 25 páginas están manchadas de muerte: historias sobre amigos que mueren, historias sobre gente que contraen enfermedades mortales y la propia historia del narrador, que después de una operación de próstata, vive de otro tipo de muerte: la impotencia. En las primeras 25 páginas del libro se nombran, más de una vez por página, estas palabras: doctor, enfermedad, hospital, cáncer, próstata. Sin embargo la lectura es ágil y está llena de vida, y es liviana. Este exceso nos va sumergiendo en una especie de dolor “agradable”; una vida que sin dolor no sería una vida. Es decir, el narrador sufre, pero el sufrimiento más grande no es en realidad la enfermedad sino la manera en que el mundo se relaciona con la enfermedad, y la manera en que el mundo se relaciona con la vejez.

Y este punto es muy interesante como el momento que realza, volviendo al tono acercado a la novela política, otro tipo de enfermedad: la enfermedad de la sociedad americana en plena decadencia. El miedo… el miedo es un “fuera de foco”. Es el “fuera de foco” más importante. Miedo a más atentados, miedo al “no” conservador –encarnados en la elección de Bush del 2004- que… acá hago un llamado que me pareció muy interesante, un paralelismo con la novela que él escribió, La conjura contra América, donde narra en el comienzo las elecciones del ’42, donde Roosevelt pierde contra quien era el maestro del aire (Lindberg), y en este momento, en el 2004 cuando ocurre la novela, cuando está pasando las elecciones, el narrador, que es un extremo de la vida, que es un viejo, lo equiparé con el narrador de esa novela que es un joven, como los extremos, se asocian mucho en la forma de narrar la novela histórica.

Al mismo tiempo, todo esto es nuevo y, olvidado Zuckerman cuando vuelve a la ciudad, hace que sienta una especie de energía que renueva las esperanzas. El sexo perdido aparece de una manera teatral, como un juego erótico de afirmación sobre lo que él no puede. Existe este juego imaginario del teatro, del diálogo con la mujer que lo hace reaccionar; una obra que es imaginaria, incluso. Y si todos los conflictos del ser humano están asociados con el sexo y la muerte, Zuckerman logra prevalecer el sexo desde un costado de escritor; logra que el narrador, con su potencia, se reconforte en la literatura. La literatura es el motor de la vida. No lo es Nueva York ni nada que pudiera llegar a ser una adversidad de los seres que habitan las grandes metrópolis.

Esto es lo que lo hace más interesante, porque en ningún momento, aunque parezca lo contrario, el narrador pierde lucidez de su objetivo. Él vuelve a la ciudad para encontrar algo. Al principio, en la novela, uno cree –y acá hay un engaño- que busca un remedio para su enfermedad, pero está claro que lo que busca es la confirmación de la literatura como forma de vida. El ostracismo de un cuerpo en pos de la escritura; su lugar de creación, su lugar en la montaña, su lugar de paz y de pensamiento.

La “literatura ghetto” la llamé yo: el autoencierro como forma de reafirmarse. Lo que su maestro quiso mostrarle en Visita al maestro, como libro de la saga asociado a esta novela, el maestro le decía… le hablaba de la voz, de la voz de la literatura… la despedida, que nace más o menos detrás de las rodillas y alcanza bastante más arriba de la cabeza, y la necesidad de seguir adelante, pase lo que pase. En ese punto también se encuentra la fórmula de la criatura judía, o del subgénero de literatura judía… asociada a la forma de vida judía, que es la necesidad de seguir adelante pase lo que pase. Todo el tiempo está reafirmando el pos-holocausto, la necesidad de una sociedad judía fuerte. Al mismo tiempo, está desde un lugar en contra del Estado de Israel. Tiene esta cosa…

L. C.: Tiene un grado de desesperación tal, su alter ego, que piensa que Israel como estado no debe existir, que los judíos vuelvan a los lugares de Europa de donde salieron.

A.D.: Y, desde ése lugar, lo que a mi me pareció también es que Roth le aporta a la literatura judía un tecnicismo, un lugar adonde ir. De la lectura de escritores relacionados con el judaísmo, como que Roth es el más contemporáneo, es el más actual y es el que uno puede sentir más cerca en relación al pensamiento (judío).
Volviendo a la novela, me parece que el núcleo de la novela, el fuerte de la novela es la carta que Lonoff le dicta a su amante, su examante. Lonoff es el maestro que está muerto y ella escribe una carta de lectores a la revista Times donde la primer frase es muy interesante y es clara de lo que la novela quiere mostrar. Dice “hubo un tiempo en que las personas inteligentes utilizaban la literatura para pensar; ese tiempo está llegando a su fin”. Son años donde la novela está viviendo momentos duros más que nada porque… es decir, los libros editados no siempre son… como que la novela está perdiendo un espacio, hasta incluso hay novelas que se escriben hoy por ordenador, sin necesidad de un hombre; como una especie de resurgimiento y de crecimiento de ese ejemplo.

29/03/2008

Caparrós y la mirada puesta en la militancia

Por P Z


por P. Z.


I

Martín Caparrós fue entrevistado hoy por Ernestina Pais y Alejandro Lingenti en Salgan al sol, el programa que Rock & Pop pone en el aire los sábados por la mañana.

Caparrós habló, entre otros temas, de A quien corresponda, su nueva novela que se ocupa de revisar la construcción actual (entre heroica y romántica) de la militancia y la lucha armada de la década del ’70.

II

No-video: En el pedacito que grabé, MC habla acerca de la manipulación del pasado, que intenta hacer más que la militancia sea más aceptable -digerible- socialmente.

28/03/2008

El encuentro de Fogwill, Lombardi y otros pequeños y medianos Pro

Por P Z


por Cristian De Nápoli


Pasan, también, cosas no tan importantes. Como la Sinfónica Nacional presentándose gratis en el Cervantes, este martes pasado. Claro que afuera teníamos a esa gente que, de tanto batir teflón, no nos dejaba escuchar a Carl Orff. Rescatemos de este evento público un dato que hasta hace poco era obvio: siendo un concierto financiado con fondos públicos

La entrada es gratuita, debiéndose retirar las localidades a partir de las 10.00 de mañana en las boleterías del teatro, hasta agotar la capacidad de la sala.

Otra cosa no tan importante: el encuentro de Crítica y Medios organizado por Gobierno de la Ciudad y curado por el escritor Rodolfo Fogwill. Participan del encuentro destacadas figuras del periodismo cultural internacional, así como también algunos periodistas locales: Jorge Aulicino, Quintín, Maximiliano Tomas. Los invitados internacionales darán sus ponencias por la mañana. Los locales, por la tarde. Si leemos el programa del evento nos encontramos con que:

El ingreso a los encuentros de la mañana será solo por invitación especial.

Intuyo que los invitados internacionales desconocen el hecho de que los ciudadanos que pagamos su participación en este encuentro no tendremos posibilidad de oírlos, o en todo caso ignoran el carácter totalmente novedoso de la fórmula “invitación especial” en esta ciudad en lo que atañe a eventos culturales financiados con fondos públicos. Distinto hubiera sido un esquema que contemplase una charla pública –incluso bajo la fórmula “cupo limitado”– y eventualmente una charla privada con invitación especial.

No es difícil extraer, de este pequeño cambio de fórmulas, indicios firmes de un proyecto que hasta ahora no puede denominarse “cultural” promovido por el actual Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y apoyado por distintos escritores y periodistas muchos de los cuales, llamativamente, califican hoy de fascista a cualquiera que ose discutir las recientes determinaciones tomadas por los productores agrarios en todo el país. Bueno sería que el Gobierno reconsiderara estas nuevas fórmulas que está sembrando, y que escritores como Ignacio Echeverría y tantos otros invitados no porteños dejaran de hacerle el juego a una visión claramente elitista en este “encuentro” cuyo sabor, sí, es diseño de Fogwill, pero cuyo olor es viejo y conocido.

28/03/2008

Una visita al Sr. Roth

Por Marcelo Zuccotti

sale el espectro

Llevados por ese afán de conocer un poco más acerca de un autor, fuimos conducidos a las instalaciones de la Boutique del Libro de Palermo, para descubrir la prosa de Philip Roth. La charla abierta, que sólo contó con una quincena de asistentes, fue amena y coloquial.

Con una duración no mayor a 40 minutos, Luis Chitarroni –representante de Ed. Sudamericana- y el escritor Adrián Haidukowski hicieron un análisis de su última obra Sale el espectro, título basado en el Hamlet de William Shakespeare.

Haidukowski, en su análisis literario, resaltó la lucha que lleva Roth contra la muerte de la novela como género; contra la muerte del autor como autor y la del lector como lector.

Chitarroni hizo el análisis de la obra y de sus personajes, junto al enlace de la obra de Roth con otros autores norteamericanos y Byron, el entronque con la literatura norteamericana judía y, finalmente, alentó a su lectura.

Al parecer, ambos disfrutaron de las letras de Roth, dada su prosa fluida y sentida.

28/03/2008

Recibimos: En otro orden de cosas

Por P Z

El agradecimiento a la Editorial Interzona por el envió de En otro orden de cosas, la última novela de Fogwill.

en otro orden de cosas

Barcelona , enero de 2001

Como si hubiese pocas historias, justo cuando llega el momento de callar, viene a agregarse otra.

Eso es lo bueno de las historias: su capacidad de multiplicarse, reproducirse y provocar nuevas, mientras la Historia se empecina en todo lo contrario.

Ahora recomiendan escribir novelas históricas: es un género. Habría que dominarlo. Debe tener sus propias reglas y requisitos que con toda probabilidad pocos podrían satisfacer.

En su origen, En otro orden de cosas respondía a otro plan. Ni siquiera pretendía ser una novela. Tal vez, ni siquiera sea una novela. Habría que desalentar cualquier intento de clasificarla, para que la crítica no dilapide un tiempo que merece mejores destinos.

Hay tanto por hacer, y sin embargo, se insiste en componer historias. No se trata de una división natural del trabajo. Si así fuera, tendríamos dos bandos complementarios: el de quienes cuentan y el de los otros, integrado por la suma de los que se someten a relatos y escuchan y los que, acertadamente han resuelto atenerse a lo indispensable.

Pero nada es indispensable y todo llega a los hombres dispuesto bajo la forma de un relato o puesto al servicio de un relato mayor.

Sea una novela, un relato o un mero equívoco literario, la crónica que sigue sigue durante doce años una penosa biografía, construida con la mezcla arbitraria de la biografía del autor, de otras que conoció y de la del propio personaje.

Siempre el resto es silencio, pero esta vez se ha tratado de evitarlo a riesgo de decir demasiado y terminar diciendo nada. El resto sería el mundo, algo lleno de ruido frente al cual decir nada, o decirle “¡Nada!”, empieza a vislumbrarse como un ideal de perfección. Justamente por ello no es hora de anunciarlo y se narra:

27/03/2008

Carta sobre el paro del campo

Por P Z

El siguiente texto fue recibido por mail. Considero que es pertinente que se dé a conocer, en tanto es una manifestación de un grupo de escritores. La responsabilidad de la publicación es mía, lo que no necesariamente expresa la opinión de los de columnistas y colaboradores del blog.
P. Z.

En el marco de un conflicto que afecta a toda la sociedad y entendiendo que, más allá de matices, errores y equívocos, lo que se trasluce hoy es la pugna entre dos modelos políticos, económicos y sociales de acumulación, los que firman abajo entienden que un paro de esta intensidad y por tiempo indeterminado es comprensible en momentos de apremio, por una muerte, por un hecho que acorrala y empuja a la defensa. No lo es por el deseo de ganar más o reformular un impuesto. El paro por tiempo indeterminado es una de las últimas armas de la acción política. Cuando no hay urgencias, la salida natural debería ser el diálogo.

Con ánimo de promover el debate y no de clausurarlo, entendiendo que esta situación perjudica a todos los argentinos, sabiendo que nuestra voz es muy pobre frente a los hechos de la realidad, pero aún así con ganas de fijar una posición, por este medio, los que firmamos queremos dejar en claro que entendemos el paro que llevan a cabo las instituciones agremiadas a la actividad agrícola-ganadera como una medida desmesurada, abusiva y completamente injustificada. Y si sabemos que no se debe tratar de la misma manera a los grandes grupos y a los pequeños productores, queremos revindicar las políticas de retenciones sobre los sectores de la economía que producen con mayor valor agregado, en tanto son estas políticas de redistribución positiva de la renta: necesarias, inclusivas e históricamente nucleares del proceso de desarrollo de la República Argentina.

Juan Incardona, Diego Vecino, Patricio Erb, Juan Terranova, Ignacio Maciel, Sebastián Morfes, Celia Dosio, Carlos Godoy, Diego Sánchez, Agustin J. Valle, Gabriela Vulcano, Mercedes Halfon, Juan Pablo Lafosse, Luciano Lamberti, Emma Peel, Fernanda Nicolini, Marina Mariasch, Blanca Soledad Fernández, Juan Manuel Strassburger, Carlos Romero, Facundo Di Genova, siguen las firmas.

Podés enviar tu Adhesión a ledecimosnoalparo@gmail.com

27/03/2008

Arlt, blogger

Por P Z

Matías Fernández


por Matías Fernández
matiasfernandez.hda@gmail.com


A mi nadie me lo quita de la cabeza: Arlt fue blogger. Este hombre, que se hizo famoso por su literatura y no por su personalidad, tranquilamente podría haber sido un compañero blogger.

Es uno de los escritores más importantes del panteón nacional. Sin embargo sigue vigente un innegable halo de misterio en torno a su vida que terminó prematuramente, a sus cuarenta años, de un infarto, mientras dormía con su segunda esposa. No obstante, fue muy biografiado y una figura destacada del periodismo local.

Arlt se inició en el periodismo en el año 1925, en la revista Don Goyo escribiendo notas quincenales, luego pasó por el periodismo policial en el viejo diario Crítica para recalar en 1928 en el diario El mundo, fundado ese mismo año. Allí comenzó a publicar sus Aguafuertes Porteñas, notas diarias que inicialmente firmó con iniciales y luego con su nombre completo. Esto no era poco importante, en una época indudablemente dominada por los medios gráficos, tener una firma era extremadamente valioso.

Sus célebres aguafuertes eran artículos breves y diarios que trataban sobre los más diversos temas: política nacional, reflexiones sobre literatura, promoción de sus propios textos literarios y hasta discusiones con los lectores que le enviaban cartas al diario. Este último es el más atractivo, porque en contraste con las demás, le da al escritor una imagen diferente al resto de la época, desprejuiciado y abierto a la polémica con las personas comunes… interactivo, y así mientras lo voy diciendo, me sale, multimedial. Arlt, tenía una perfil multimedial. En la excelente biografía que Sylvia Saítta escribió sobre Roberto Christophersen Arlt me entero de que incluso participó en un programa de radio El mundo. Lo único que quedaría de El mundo, una vez cerrado el diario. Parece que lo dejó porque no pudo soportar a los oyentes. Algo también, muy de él, si se me permite el término académico.

Con estas pocas cosas me bastan para verlo como un protoblogger, un hombre en la búsqueda de canales alternativos y que no por eso reniega de los mayoritarios, como por ejemplo, el diario. Aún así, hay más en la multifacética vida de Robertlo Arlt, también era un polemista o tirabombas, alguien que no temía dar las más rotunda definiciones sobre los temas que le proponían, como algunos escritores y comentadores habituales de este blog.

-Del presente, ¿quedará algo?
-Güiraldes, con su Don Segundo Sombra; Larreta con La gloria de Don Ramiro; Castelnuovo con Tinieblas; yo con El juguete rabioso; Mallea con Cuentos para una inglesa desesperada. De estos libros algo va a quedar, el resto se hunde.
- “¿Escritores que tienen más fama de lo que merecen?” -parafrasea la interrogación nuestro entrevistado-. Pues Larreta, Ortiz Echagüe, que no es escritor ni nada; Cancela, que ha hecho el tren con el suplemento literario de La Nación; Borges, que no tiene obra todavía.

Y por si fuera poco, también era un gran contradictorio, característica especialmente destacada en esta época de archivos. En el tiempo de Arlt, primera mitad del siglo pasado, se estaban gestando muchas de las más importantes luchas gremiales argentinas. Una de ellas era la de los escritores, que comenzaban a profesionalizarse, a abandonar el paradigma de hombres de un holgado pasar económico para comenzar a ser obreros de la palabra. En este sentido podemos encontrar esta aguafuerte.

¡Con esta van 365!
Un año. 365 notas o sean 156 metros de columna, lo cual equivale a 255.500 palabras.
Es decir, que si estos 165 metros fueran de casimir, yo podría tener trajes para toda la vida y si esas 255.000 palabras fueran 255.000 ladrillos, yo podría hacerme construir un palacio tan vasto y suntuoso como el Alvear.
Pero como carezco del don de transformar el papel en género y palabras en ladrillos, todo este cálculo vuelve, por inercia, a quedar reducido a 365 notas. Unas buenas, otras regulares y otras… Lo mismo digo de Bello, el dibujante que me acompaña y que no sé cuántos metros cuadrados ha cubierto con sus dibujos, unas veces buenos, otras regulares y otras…
¡Pero escribir y dibujar todos los días, no es lo mismo que sembrar papas!

El escritor como operario:
Si usted conociera los entretelones de la literatura, se daría cuenta de que el escritor es un señor que tiene el oficio de escribir, como otro de fabricar casas. Nada más. Lo que lo diferencia del fabricante de casas, es que los libros no son tan útiles como las casas, y después… después que el fabricante de casas no es tan vanidoso como el escritor.
En nuestros tiempos, el escritor se cree el centro del mundo. Macanea a gusto. Engaña a la opinión pública, consciente o inconscientemente. No revisa sus opiniones. Cree que lo que escribió es verdad por el hecho de haberlo escrito él. El es el centro del mundo. La gente que hasta experimenta dificultades para escribirle a la familia, cree que la mentalidad del escritor es superior a la de sus semejantes y está equivocada respecto a los libros y respecto a los autores. Todos nosotros, los que escribimos y firmamos, lo hacemos para ganarnos el puchero. Nada más. Y para ganarnos el puchero no vacilamos a veces en afirmar que lo blanco es negro y viceversa. Y, además, hasta a veces nos permitimos el cinismo de reírnos y de creernos genios…

No sé si el espacio que ocupó Arlt no tanto como escritor sino como actor multimediatico encontró algún reemplazante después de su muerte, en el año 40. Me gusta pensar que de haber podido, seguramente hubiera tenido un blog que hubiera actualizado diariamente con avances de sus textos: borradores que se pisarían unos a otros y encendidas respuestas a los comentarios de sus lectores. También habría colocado en su sidebar animaciones en flash con los signos del zodiaco y hasta un botón dedicado especialmente para la compra de sus medias para mujer irrompibles.

Fuentes:

  • Saítta, Sylvia: El escritor en el bosque de ladrillos, Buenos Aires, Sudamericana, 2000.
  • Fragmento de entrevista en Saítta Sylvia y Romero, Luis Alberto: Grandes entrevistas de la historia argentina, Buenos Aires, Punto de lectura, 2002, p. 89.
  • Arlt, Roberto: Aguafuertes porteñas.

27/03/2008

El hombre que llamaba a Teresa

Por P Z


por P. Z.


Sí, el corto es terriblemente malo. Ni qué decir de este*. Pero el cuento de Calvino es hermoso:

Bajé de la vereda, di unos pasos hacia atrás, mirando para arriba, y al llegar a la mitad de la calzada, me llevé las manos a la boca, como un megáfono, y grité hacia los últimos pisos del edificio.
- ¡Teresa!
Mi sombra se espantó de la luna y se acurrucó entre mis pies.
Pasó alguien. Yo volví a llamar:
- ¡Teresa!
El hombre se acercó y dijo:
- Si no grita más fuerte no lo oirá. Probemos los dos. Cuento hasta tres, a las tres atacamos juntos. -Y dijo-: Uno, dos, tres. -Y juntos gritamos-: ¡Tereeesaaa!
Pasó un grupo de amigos, que volvían del teatro o del café, y nos vieron llamando. Dijeron:

El cuento completo.

* Encontré los videos en El bibliómano.

26/03/2008

Mejor por mail

Por P Z

Ahora entiendo porqué nunca me diste una entrevista con grabador, como Dios manda. Siempre por mail, siempre por mail, che.

Grillo Trubba y Casas -entre muchos otros- se la rebancaron.

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