Primera parte de la Charla abierta sobre Philip Roth. Jueves 27/3 en la Boutique del Libro de Palermo. Disertantes Luis Chitarroni y Adrián Haidukowski.
Desgrabación a cargo de Marcelo Zuccotti.
Luis Chitarroni: Buenas noches. Estamos acá reunidos (hay otras reuniones más importantes en Buenos Aires) para hablar de un gran maestro de la prosa que es Phil Roth, y para desentrañar un poco este libro que es Sale el Espectro, que es, hasta ahora, la última novela de Philip Roth.
Roth tiene ahora 75 años; en Estados Unidos se está haciendo una recopilación de su obra completa, que es verdaderamente copiosa, y creemos que es significativo ver cómo la obra de Philip Roth influyó en la narrativa argentina. Para eso, está aquí, invitado, Adrián Haidukowski, joven narrador de 33 años, y él va a empezar a contar un poco su versión de Roth, y después hablaré un poquito yo, y después hablará quien quiera, y así va a pasar esta reunión.
Adrián Haidukowski: Hola, ¿qué tal?. Gracias por venir. Es interesante que sobre este libro en particular se arme una charla, porque el tema central del libro justamente es ése, es usar la novela como herramienta para el pensamiento. Nada mejor que debatirlo y charlarlo entre mucha gente.
Cuando analicé la novela, pude llegar a la conclusión que, quizás el efecto es casi como un engaño. Es otro capítulo de Zuckerman, pero esta vez en un tono que al principio resulta simple, pero que en el fondo está como algo complejo, una especie de burla por todo lo que ocurre alrededor, más que nada por la ciudad y la estética de la ciudad, y en este caso la mezcla entre la realidad y la ficción sirve para resaltar la necesidad de que el lector se convierta solamente en lector. Ni un crítico, ni un juez ni un chismoso.
Roth generó en el mundo literario un chisme a su “alter ego”, sobre la necesidad de escribir sobre sí mismo. Pero, por otro lado, quien se queda en este punto, quien se queda en el alter ego de Roth, y lo analiza desde ahí, está analizando como desde el lugar equivocado. Y vuelvo a la palabra “chismoso”, que es una palabra fea, pero… Porque las narraciones de Roth siempre generan en el lector esa necesidad de querer saber más. Es decir, cuando yo leo a Roth me siento chismoso; siempre tengo la necesidad de saber más cosas. Y no porque necesite leer entre líneas, o necesite descubrir un acertijo cual novela policial, sino porque en general, es esa necesidad de chisme.
Lo cual es grandioso porque en el fondo de todo es contra lo que el autor pelea en todas sus narraciones: contra el chisme mismo que genera un cierto “fuera de foco”. Hay un “fuera de foco” en todos los aspectos en esta novela. Los personajes están desenfocados, la ciudad también está desenfocada. Incluso el país, Estados Unidos, y el mundo mismo está desenfocado. Y este “fuera de foco” es la estrategia que utiliza Roth para ir avanzando, para encontrar los “plot points” que van dando el argumento de la novela.
De esta manera, lo que resalta y lo que da a entender, y lo que es interesante, es la lucha que lleva el autor contra la muerte de la novela como género. Contra la muerte del autor como autor, y del lector como lector. Esta pelea, Zuckerman la lleva adelante contra el biógrafo historiador que quiere sacar provecho de los supuestos “trapos sucios” de su maestro fallecido. El autor, es un autor, y vale por sus narraciones sin importar la vida pública. El lector asume la necesidad de saber más del chisme, pero sabe más sobre las letras escritas en sí mismas, no sobre la celebridad o del precio cual es el escándalo. Hay una crítica muy fuerte a la crítica; la acusa de inmiscuirse en la vida privada del autor, porque es mucho más fácil hablar de eso que profundizar en la literatura en sí misma.
También, volviendo a la novela, hay engaño desde otro punto de vista. En mi caso esperaba un héroe joven o joven de espíritu, y que Roth nos da un Zuckerman de ocaso, un viejo senil que olvida cosas, que tiene problemas de incontinencia, y que, desde cierto lugar, sufre las carencias de arraigo. Por momentos, la reflexión de este personaje se hace dolorosa y, para los que leyeron el libro, por momentos es dolorosa también. Uno puede sentir de la manera que describe los problemas que tiene el héroe. Sin embargo, también hay una firme necesidad de creación; la novela más allá de la muerte, de la literatura erótica y de la literatura política. Dice “existe la mentira que traerá la verdad, ésa es la ficción literaria”.
Por ejemplo, las primeras 25 páginas están manchadas de muerte: historias sobre amigos que mueren, historias sobre gente que contraen enfermedades mortales y la propia historia del narrador, que después de una operación de próstata, vive de otro tipo de muerte: la impotencia. En las primeras 25 páginas del libro se nombran, más de una vez por página, estas palabras: doctor, enfermedad, hospital, cáncer, próstata. Sin embargo la lectura es ágil y está llena de vida, y es liviana. Este exceso nos va sumergiendo en una especie de dolor “agradable”; una vida que sin dolor no sería una vida. Es decir, el narrador sufre, pero el sufrimiento más grande no es en realidad la enfermedad sino la manera en que el mundo se relaciona con la enfermedad, y la manera en que el mundo se relaciona con la vejez.
Y este punto es muy interesante como el momento que realza, volviendo al tono acercado a la novela política, otro tipo de enfermedad: la enfermedad de la sociedad americana en plena decadencia. El miedo… el miedo es un “fuera de foco”. Es el “fuera de foco” más importante. Miedo a más atentados, miedo al “no” conservador –encarnados en la elección de Bush del 2004- que… acá hago un llamado que me pareció muy interesante, un paralelismo con la novela que él escribió, La conjura contra América, donde narra en el comienzo las elecciones del ’42, donde Roosevelt pierde contra quien era el maestro del aire (Lindberg), y en este momento, en el 2004 cuando ocurre la novela, cuando está pasando las elecciones, el narrador, que es un extremo de la vida, que es un viejo, lo equiparé con el narrador de esa novela que es un joven, como los extremos, se asocian mucho en la forma de narrar la novela histórica.
Al mismo tiempo, todo esto es nuevo y, olvidado Zuckerman cuando vuelve a la ciudad, hace que sienta una especie de energía que renueva las esperanzas. El sexo perdido aparece de una manera teatral, como un juego erótico de afirmación sobre lo que él no puede. Existe este juego imaginario del teatro, del diálogo con la mujer que lo hace reaccionar; una obra que es imaginaria, incluso. Y si todos los conflictos del ser humano están asociados con el sexo y la muerte, Zuckerman logra prevalecer el sexo desde un costado de escritor; logra que el narrador, con su potencia, se reconforte en la literatura. La literatura es el motor de la vida. No lo es Nueva York ni nada que pudiera llegar a ser una adversidad de los seres que habitan las grandes metrópolis.
Esto es lo que lo hace más interesante, porque en ningún momento, aunque parezca lo contrario, el narrador pierde lucidez de su objetivo. Él vuelve a la ciudad para encontrar algo. Al principio, en la novela, uno cree –y acá hay un engaño- que busca un remedio para su enfermedad, pero está claro que lo que busca es la confirmación de la literatura como forma de vida. El ostracismo de un cuerpo en pos de la escritura; su lugar de creación, su lugar en la montaña, su lugar de paz y de pensamiento.
La “literatura ghetto” la llamé yo: el autoencierro como forma de reafirmarse. Lo que su maestro quiso mostrarle en Visita al maestro, como libro de la saga asociado a esta novela, el maestro le decía… le hablaba de la voz, de la voz de la literatura… la despedida, que nace más o menos detrás de las rodillas y alcanza bastante más arriba de la cabeza, y la necesidad de seguir adelante, pase lo que pase. En ese punto también se encuentra la fórmula de la criatura judía, o del subgénero de literatura judía… asociada a la forma de vida judía, que es la necesidad de seguir adelante pase lo que pase. Todo el tiempo está reafirmando el pos-holocausto, la necesidad de una sociedad judía fuerte. Al mismo tiempo, está desde un lugar en contra del Estado de Israel. Tiene esta cosa…
L. C.: Tiene un grado de desesperación tal, su alter ego, que piensa que Israel como estado no debe existir, que los judíos vuelvan a los lugares de Europa de donde salieron.
A.D.: Y, desde ése lugar, lo que a mi me pareció también es que Roth le aporta a la literatura judía un tecnicismo, un lugar adonde ir. De la lectura de escritores relacionados con el judaísmo, como que Roth es el más contemporáneo, es el más actual y es el que uno puede sentir más cerca en relación al pensamiento (judío).
Volviendo a la novela, me parece que el núcleo de la novela, el fuerte de la novela es la carta que Lonoff le dicta a su amante, su examante. Lonoff es el maestro que está muerto y ella escribe una carta de lectores a la revista Times donde la primer frase es muy interesante y es clara de lo que la novela quiere mostrar. Dice “hubo un tiempo en que las personas inteligentes utilizaban la literatura para pensar; ese tiempo está llegando a su fin”. Son años donde la novela está viviendo momentos duros más que nada porque… es decir, los libros editados no siempre son… como que la novela está perdiendo un espacio, hasta incluso hay novelas que se escriben hoy por ordenador, sin necesidad de un hombre; como una especie de resurgimiento y de crecimiento de ese ejemplo.