Decir que leí el Ulises
El mes pasado tuve que leer la novela de Malcolm Lowry, Bajo el volcán. Para quienes no la recuerden, es la historia de un ex consul inglés viviendo en México, aunque la palabra “viviendo” habría que ponerla en cuestión y pensar qué es vivir y qué no.
Geoffrey Firmin pasa sus días completamente sumergido en alcohol, borracho hasta la médula.
Tan borracho está que hacia el final del libro la borrachera se traslada a las páginas del libro. Eso que se lee también produce borrachera.
La lectura de Bajo el volcán, decía, me trajo a colación esas lecturas imprescindibles que se me presentaron apenas empecé a estudiar. Casi todos los textos teóricos que tuve que leer hacían referencia a tres libros pilares:
- Rojo y negro
- El Quijote
- Ulises
El primero aún no lo leí, pero sin embargo puedo decir que las citas no se extendieron más allá de esos años iniciales. Es como si fuera un texto para principiantes. Ahora resulta por lo menos postergable.
El Quijote si lo leí y ya van dos veces, supongo que habrá más en el futuro. Ahora descansan tranquilas en la biblioteca las tres ediciones, la de Clarín (esa fue la que leí), la de Salvat que no sabía que tenía hasta después de leerlo y la anotada de la Real Academia que compré no hace mucho.
El último de la lista es el famoso Ulises de Joyce. A ese no lo leí y cada día se me hace más necesario leerlo. Casi podría decir que estoy minando toda su circunferencia temática.










