Es uno de los escritores cordobeses con mayor renombre en la actualidad. Su primera novela, Nivel medio, a publicar a principios del año 2010, obtuvo una primera mención en el premio Clarín. Este año fue finalista del premio EMECE. Lleva publicado dos libros de cuentos (Los días del Padre, 2006, ediciones Del Boulevard, y Certificado de Convivencia, 2008, editorial Recovecos, Córdoba) los cuales van por la segunda edición.

A pesar de que sólo lleve publicados dos libros de cuentos, Sergio Gaiteri es, hoy por hoy, una de las prosas más fuertes en Córdoba. Cada cuento, algunos más largos, otros más cortos, parecieran formar parte de una gran novela que sólo va cambiando los escenarios y los personajes. Como en esas pinturas donde no hace falta mirar el nombre ni el título de la obra para saber a quién se refiere, así de impactante es la literatura de Gaiteri. Donde no es necesario derramar una gota de sangre ni desvestir a nadie para darse cuenta que, algunas veces, la literatura puede ser mucho más divertida que la televisión.
Se define a si mismo como un simple docente de escuela secundaria. “Soy lo más formal que hay”, dice. “Voy de saco y zapatos, uso anteojos, mi única extravagancia es que soy maratonista”, remata con una sonrisa. Antes de eso anduvo paseando por varios laburos: fue camionero y sodero. De aquellas experiencias ganó un registro que supo volcar en sus personajes, arrimándose a la materia prima de la que se nutre su literatura: la existencia humana.
Nos sentamos en su “oficina”: un barcito, kiosco, ciber y telecentro en la esquina de Rioja y General Paz, justo enfrente de la escuela donde trabaja. Hay varios papeles en la mesa, un libro abierto con anotaciones al margen, una taza de café. ¿Qué tomás? Un cortado para mí. Dos cortados, por favor
Javier Quintá: ¿Empezamos?
Sergio Gaiteri: Dale.
JQ: ¿Qué cambió desde tu primer libro Los días del padre, a este segundo libro Certificado de convivencia?
SG: Nada. No cambió nada. Sigo preocupado por los dos o tres temas que me interesan y me llevan a escribir: por qué la gente quiere o no a alguien; cómo hace la gente para levantarse a la mañana y no quedarse todo el día en la cama; cómo hace la gente para pasar la noche. La escritura para mí es como una forma de entender los actos mínimos de la existencia humana. Sobre las cuestiones políticas o más “filosóficas”, yo ya tengo algunas explicaciones.
JQ: ¿Y cómo se meten las cuestiones políticas en tu literatura?
SG: Yo puedo ser un intelectual ciertamente riguroso hablando de política, pero la política no tiene nada que hacer en la narrativa. Al menos no la política en el sentido del que habla la gente. Quizá sí en un sentido más ideológico. Mis cuentos tienen algo de lo que dejó la década del 90´, del furor neoliberal, de la situación de la gente desocupada. Yo no me había dado cuenta, me lo señaló un amigo, pero en mis cuentos las mujeres consiguen trabajo más fácilmente que los hombres. Y eso tiene que ver con una época, con tipos que laburaron toda su vida en oficios fijos y de repente se quedaron desocupados y no tenían esa facilidad de adaptarse para conseguir otro trabajo.
JQ: Es cierto, en tus cuentos se nota la construcción de un hombre en decadencia, y una mujer, por el contrario, que no sólo se sostiene, sino que es el sostén de su familia.
SG: Sí, pero no me lo había planteado. Yo veía amigos míos, en mi familia, gente desocupada que salían a buscar trabajo y después se desilusionaban y se entregaban a la desidia. No fue un planteo a priori. Me aparecían esos personajes, después me di cuenta de que había como una constante, pero eso tiene que ver con que la literatura plantea situaciones que todavía no están ni en el periodismo, ni en la sociología, ni en los libros de historia. Eso es lo que me interesa, lo que todavía no está esquematizado. La literatura, con ciertas intuiciones, puede plantear ciertos aspectos de la realidad que quizá después se vuelvan corrientes o visibles.
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