Luis Gusmán inauguró la Feria del Libro 2012

Extracto de la conferencia inaugural de la 38° edición de la Feria del Libro de Buenos Aires.

Por Luis Gusmán.

luis gusman

(…) Graham Greene, en su libro La infancia perdida, afirma que las lecturas de la infancia son aquellas que nunca olvidamos y que son las que más han influenciado en nuestra vida. Él piensa la literatura como una forma de la adivinación. Dice que en la infancia, todos los libros tienen algo de adivinatorio ya que hablan del futuro y porque un chico, todavía no tiene otro pasado que el de sus lecturas. Entonces, el estante de la biblioteca era como una bola de cristal donde el niño soñaba la vida que tenía por venir. El libro, tiene un poder adivinatorio que va influir sobre nuestro futuro. El libro nos cifra antes de que lo descifremos. Es por eso, que los libros despiertan semejante entusiasmo: tienen el poder de la revelación.

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Cuando Greene aprende a leer, les oculta el secreto a sus padres. No quería que nadie lo supiese. Él confiesa que mientras no sabía leer estaba a salvo del porvenir, el futuro era de los otros, de los adultos. Una vez que la llave ha girado, el futuro depende de uno. En los estantes, los libros están aguardando a aquel que ha dejado de ser niño y se ha transformado en lector y puede elegir. Es posible que cuando esto nos sucede se nos abre, junto con el misterio, un mundo cargado de incertidumbres pero también la conquista de una libertad irrenunciable; y, por eso mismo, costosa.

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Pero ¿qué es un lector? ¿Qué entendemos por lectura? Si siempre nos sorprende que transcurrido cierto tiempo los subrayados que hicimos en un libro no los reconozcamos como propios, parecen como ajenos. Es que en cada nueva lectura se descubre lo que no se había descubierto pero también se ignora lo que se había ignorado, y hasta es posible que nos desorientemos allí dónde nos creíamos orientados. Es posible que haya construido una figura de un lector un poco heroico, casi épica. Hay otras: el lector distraído, el curioso, el perezoso, el salteado, el aburrido. A través de las épocas, estas figuras aparecen y desaparecen por la misma puerta como los personajes de una comedia de enredos.

(…)

Como dije, estoy convencido de que un libro te puede cambiar la vida. Todavía me sucede cuando vuelvo a leer a mis escritores preferidos, y también cuando leo a algún autor que no conozco. Entonces, comienza otra circulación, lo presto, lo regalo, hablo del libro, lo que los libreros todavía llaman: el boca a boca. Es decir, el libro ya está en la lengua. Yo creo que el poder revelador de la lectura excede la infancia. Sin ir más lejos, hoy le agregamos el misterio y la libertad.

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