Aznar, ahora

Pedro Aznar presentó su nuevo disco, Ahora, el juves 28 de junio en el Gran Rex.

Por PZ.

aznar y lennon

La mano derecha de un guitarrista dice mucho sobre la manera en que él se entiende con el instrumento y, por relación de continuidad, con la música. El rasgueo de Lennon —sobre todo el Lennon del final de los Beatles, pero el de antes también— mantenía una cadencia sin rugosidades que permite adivinar una muñeca derecha flojita, un ritmo que aspira a convertirse en mantra, como en “Across the universe”. Pedro Aznar toca diferente: la mano derecha, inquieta, se mueve corta sobre las cuerdas y acentúa el final. Aznar como guitarrista prefiere la reverberancia de las doce cuerdas y los acordes abiertos sin cejilla. Pensaba en esto el jueves en el Teatro Gran Rex, mientras Aznar tocaba un cover de “Jealous guy” y Lennon aparecía como un gran padre (nunca un gran hermano) en la pantalla del fondo. En esa pantalla otros grandes padres se hicieron presentes: apareció Luis Alberto Spinetta homenajeado con una versión emocionante de “Credulidad” (de Artaud) y también «el amigo Carlos», Charly García, ante una exquisita versión de “Cucamonga dance” (incluido en Tango 4; 1991) en la que Aznar hizo todas las voces: las propias, las de Charly y hasta las de Jorge Luz. [Nota al pie: Aznar tiene un cover de “Across the universe” en Fotos de Tokio (1986), pero en lugar de guitarra toca un órgano.]

Acompañado por Alejandro Oliva en percusión, Julián Semprini en batería, Hernán Jacinto en teclados y bajos, y Coqui Rodríguez en guitarras, Pedro Aznar presentó su nuevo disco, Ahora, el primero en estudio desde Quebrado (2008). Aznar compuso las canciones en el invierno pasado en Mar de las Pampas, hacia donde fue con el propósito de escribir una canción por día. El resultado es un registro de canciones íntimas a la vez que cristalinas. A Aznar le gusta mezclar texturas: si en A solas con el mundo, el concierto unipersonal que dio en 2010, fue capaz de pegar “While my guitar gently wheeps” con “Y arriba quemando el sol”, de Los Jaivas, en Ahora sube la apuesta y propone en tándem una canción que es casi un rap (la que le da el título al disco) con una casi operística (“Cuando el amor”) acompañado por una orquesta de cuerdas. Está visto que puede tocar cualquier género y que siempre lo hace bien.

Aznar abrió la noche con “Panteras de polvo”, la primera canción del nuevo álbum, y cerró con “Cuando el amor”, la última. En el medio, aunque sin el orden del disco, tocó las otras diez e intercaló grandes éxitos como “Mientes” (mención especial al fabuloso solo de bajo), “Ella se perdió”, “Vos sos mi amor”, “Ya no hay forma de pedir perdón” (cantada a medias con el público). Un concierto enorme: dos horas en el escenario cantando y bailando y tocando, con un breve descanso entre temas para cambiar instrumentos. Porque para cada canción, un instrumento: del bajo en “Panteras de polvo” a la guitarra acústica en “Par” (muchas guitarras pero nunca una eléctrica: en la formación actual la distorsión es propiedad exclusiva de Coqui Rodríguez), de allí a la guitarra de doce cuerdas en “Los días más cortos del año” y, luego de la primera tanda de clásicos, al piano para “Rencor”. Fuera de convenciones, evitando momentos climáticos, lo único que mantuvo fueron bloques separados de canciones nuevas y canciones clásicas.

El último tema que tocó fue “Ahora”. Una canción que, dijo, puede pensarse como un manifiesto acerca de la importancia de vivir el presente (temática que se relacionaría, por ejemplo, con “Hoy es hoy” de Fotos de Tokio). Lo fascinante fue la manera en que terminó la canción: los músicos se quedaron inmóviles mientras la última nota del bajo se extendía absoluta hasta extinguirse. Una manera de poner en primer plano la relevancia del presente. Luego vinieron los bises con “Hydra” y “Cuando el amor” y el recital terminó con una gran ovación.

Se prendieron las luces, pero la insistencia de los que se quedaron aplaudiendo y vivando y pidiendo una más y no jodemos más durante varios minutos hizo que Aznar volviera a salir y regalara una versión para el recuerdo de “Tu amor”. La fiesta, porque el recital fue eso, una fiesta, no pudo haber terminado mejor.

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