20/11/2009

El Edén de Kioskerman

Por Federico Reggiani

EdénEl lector paciente habrá notado que escribí un par de veces sobre el estado actual de eso que antes se podía llamar sin más explicaciones “humor gráfico”. Si escribir es un modo de pensar, debo decir que no tuve mucho éxito, porque no sé bien qué pienso sobre el tema. Lo que sí me quedó claro es que hubo un cambio en la producción de lo que podríamos llamar “formas breves” en las narrativas gráficas, y que la caída del chiste es un síntoma. También son síntomas la incorporación de esas producciones a los prestigios de los campos artísticos, plástica o literatura. Un antecedente claro de este fenómeno podríamos rastrearlo en las “Postales” de Rep, que se editaron en 1993 en la colección “Biblioteca del Sur” de Planeta, una colección que era el espacio de difusión de una línea de la literatura argentina en los ’90 –Fresán, Forn, Saccomano–, en una pelea con el grupo de la revista Babel que hoy parece tan artificiosa como la de Florida y Boedo (finalmente, “Biblioteca del Sur” publicó a Laiseca y a Fogwill). En cualquier caso, para no seguir desviado: en medio de ese debate es que aparecían los no-chistes de Rep.

Es posible que todo ese escribir sobre el chiste haya sido un prólogo a la reseña de Edén, el libro de Kioskerman que editó Sudamericana recientemente, y sobre las perplejidades que me produce.

Edén recopila las tiras que bajo ese título publicó Kioskerman en su blog: www.kioskerman.com.ar. Las tiras de Edén implican un abandono de la idea de chiste, que todavía rondaba “El señor del kiosko”, y un encuentro con una madurez gráfica que además se va asentando en el mismo cuerpo del libro. Edén, y el trabajo de Kioskerman en general, es un concentrado de estas tendencias de las que hablaba. Por una parte, su popularidad no depende del medio en que se publica, sino que crece en blogs y en redes sociales. Además, el chiste ha sido sustituído por reflexiones, brevísimas narraciones con voluntad de epifanía o conexiones metafóricas más que temporales.

¿Pero qué es, en concreto, Edén? Una colección de breves momentos ambientados en un espacio extraño, “muy siglo diez y ocho y muy antiguo”, de cuento de hadas, con reyes, caballeros de armadura, pájaros que hablan y gatos que iluminan lectores. Dos son, creo, los mayores logros del libro. El primero, la coherencia en su realización. El “chiste sin chiste” puede sufrir la acusación de facilismo –“esto lo hace mi hermanita”– pero ninguna hermanita construye un sistema orgánico por la suma de cada pequeño elemento. El segundo logro es la ternura y la placidez general del libro, que evita casi siempre los riesgos del aforismo y el refrán para concentrarse en pequeños hechos concretos. (Habría que reflexionar alguna vez sobre los prestigios opuestos del aforismo y el haiku en estos días, voto a Kafka y a Porchia, ya que no a Narovsky). Esta apuesta a la construcción de un mundo sin conflictos –o un mundo en que los conflictos se resuelven en paz– aparece como deliberada cuando se revisan en el blog algunas de las tiras excluidas del libro, que son en muchos casos tiras de conflicto y que rompen la idea de ese Edén plácido.

Si bien el dibujo de Kioskerman se resiente con algunas limitaciones que ha aprendido a no forzar en la elección de lo que cuenta, y una mayor disposición de registros gráficos podría abrir, sin dudas, el registro de hechos narrados y la inteligibilidad de algunos tópicos, en el cuerpo de este libro eso no se lee como un problema. El libro es, sin dudas, un objeto muy bello.

2 comentarios en El Edén de Kioskerman

  1. mmartin dijo el

    http://www.kioskerman.blogspot.com
    y les recomiendo las entrevistas que Kioskerman les hace a otros historietistas:
    http://30preguntas.blogspot.com/

  2. Marcelo dijo el

    Un libro muy poco inteligente, fuera de toda autocritica.

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