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La enfermedad de América latina a New York

16-12-2009

Se presenó la antología Excesos del cuerpo, con la compilación de Javier Guerrero y Natalie Bouzaglo (Eterna Cadencia Editora) en Nueva York.

Por Cristian Piazza.

Como existe la idea de que la literatura es tribulación, qué mejor que una antología sobre la enfermedad y el contagio. La felicidad y otras purgas son casi un repertorio ocasional, artistas invitados en la representación de los quejidos y la afección. Todo lo demás, dice el cliché, es autoayuda. Yo mismo no sé porqué estoy escribiendo sobre personas que en la salud se regodean de la enfermedad como producto redituable; siento que antes de poder evitarlo empezaré a enumerar síntomas, malestares que hasta ayer no les había puesto nombre.

Excesos del cuerpo de Eterna Cadencia Editora es una antología compilada por Javier Guerrero y Natalie Bouzaglo que reúne a escritores latinoamericanos: un libro que parece haber nacido en el Programa de Escritura Creativa en Español, en los pasillos de NYU (Enguaiú). Participan Edmundo Paz Soldán, Silvia Molloy, Mario Bellatín, Sergio Chejfec y Alan Pauls, entre otros.

Llegué temprano a la presentación, demasiado temprano que hasta el de seguridad sospechó de esa, mi presencia anticipada. Me senté a leer mientras esperaba por las primeras apariciones. Se trató más de un evento académico entre profesores, alumnos y amigos. El edificio donde se llevó a cabo le pertenece a la universidad y faltaba un cuarto de hora para las ocho y no aparecía nadie. Un minuto después, sin embargo, comenzaron a llegar todos como traídos por un colectivo.

A la persona encargada de los libros que viajaron desde Eterna Cadencia, le dio miedo dejarlos en la sala de al lado (donde se vendieron al terminar la lectura) porque se los iban a robar, le escuché comentar… pero si en Nueva York dejan hasta la fruta en la calle y nadie la toca, pensé, pero el cuento sería otro en Constitución, por ejemplo, o en San Bernardino en Caracas.

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Leonora Djament, de EC señala la relevancia para el mundo editorial de estos pequeños y medianos emprendimientos editoriales:

La relativa autonomía de las pequeñas editoriales que son un fenómeno muy particular de la Argentina de los últimos 10 años [...] Los libros pensados por sus propias lógicas, por sus temporalidades específicas, para que cada libro encuentre su lector en el presente o en el futuro.

Asimismo, Djament recordó la promesa de unir América a través de caminos editoriales, para podernos leer sin pedirle permiso a España en cuanto a gustos o métodos de distribución:

Hace ya varias décadas que los libros de autores latinoamericanos no circulan por América.

Los autores invitados a la presentación fueron cinco, Edmundo Paz Soldán no fue, aunque también figuraba en el cartel. Todos, sin excepción, antes de leer algunos fragmentos de sus respectivos cuentos hablaron de cómo llegaron a formar parte de esta antología y porqué. Les transcribo sin dejar una pausa de lado las anécdotas de Pauls y Chejfec.

Alan Pauls: “Confieso que cuando me invitaron a participar de la antología, tuve como un momento de inhibición porque yo siempre tuve la impresión de haber escrito sólo sobre la enfermedad: grafómanos, mogólicos, sicóticos, personajes a los que les crecen quistes como jorobas, celópatas, llorones. De modo que cuando me invitaron a participar de la antología sobre enfermedad y contagio tuve la impresión muy parecida a la que podía tener un vicioso que ya arrastra décadas de un cultivo secreto, de vicios secretos; a quien de repente una academia le dice: ‘Bueno por qué no viene a ejercer su vicio para todo el mundo’, entonces eso me produjo una gran inhibición. Lo que salió, de lo que escribí, fue una especie de secuela, nunca más pertinente la palabra, un resto, una reliquia de un una novela que publiqué hace unos años que es El pasado”.

Sergio Chejfec: “Debo decir que, para hacer un poco de historia, que hace pocos días Nathalie [antologadora junto a Javier Guerrero] me recordó que yo me había demorado muchísimo en responder a la invitación. Y era una cosa que yo tenía completamente olvidada, porque pensaba que había respondido enseguida. Pero ella tenía razón. Me demoré mucho y me demoré porque la idea de escribir sobre la enfermedad o sobre enfermos para un libro dedicado a la enfermedad me parecía como de una obediencia flagrante. Esa redundancia tenía que ver con que acostumbro pensar que el escritor debe ser más o menos desobediente, y finalmente sucumbí a la obediencia, porque me parecía que ser desobediente era plegarme a una obediencia que yo mismo me había impuesto”…

Ya que se acercan las fiestas si quieren gastarle una broma a un hipocondríaco regálenle Excesos del cuerpo.